Los Judas Iscariote en la política

Dr. Carlos Araya Guillén / Filósofo y educador /

Judas, llamado Iscariote, fue uno de los doce discípulos, que traicionó a Jesús. Se le nombra 20 veces en los evangelios. El evangelio de Juan precisa que es hijo de Simón (Juan 13:2).

Se le conoce por haber traicionado a Jesús, al vender a su Maestro y entregarlo a manos de sus enemigos religiosos judíos en Jerusalén (sumos sacerdotes del Templo).

Se debe diferenciar a Judas Iscariote, del Judas, hermano de Jacob, que también fue apóstol y escribió uno de los libros canónicos del Nuevo Testamento que como Epístola se ubica antes del Apocalipsis.

Tampoco confundir con Judas Tadeo, uno de los santos más venerados entre los católicos.

Judas, como discípulo, acompañó al Nazareno durante su ministerio público en Galilea, Samaria y Judea. Sin embargo, la intencionalidad de su conducta moral siempre estuvo lejos de la transparencia y la justicia social de las Buenas Nuevas. Decía una cosa en público pero en su corazón reinaba otra. Al “amor” y lealtad a Jesús le puso precio: 30 monedas de planta.

Así, por ejemplo, cuando en Betania (Juan 12), una mujer llamada María toma un frasco de perfume muy caro, casi medio litro de perfume de nardo puro y ungió los pies de Jesús, Judas reacciona severamente y pregunta a Jesús: ¿Por qué el perfume no se vendió en 300 denarios para repartirlo entre los pobres (Juan 12:3-5).

Comenta el Evangelio que Judas dijo eso, no porque le importaran  los pobres, sino “porque era ladrón y como tenía a su cargo la bolsa de dinero común, robaba de lo que echaban en ella. (Juan 12:6).

En su traición vendió a su Maestro por treinta monedas de plata  y lo entregó con un “beso traidor”, en el Huerto de Getsemaní, a los sumos sacerdotes y a las autoridades del Sanedrín, quienes  procuraban matarlo. Judas fue un inicuo con respecto a sus compañeros y hermanos de causa.

Ahora bien, en el relato bíblico lo importante no es si Judas besó a Jesús en la cara, según las representaciones artísticas, o en la mano, de acuerdo a la costumbre de la época entre discípulo y Maestro.

El mismo Judas cuando se acerca a Jesús le dice: “Maestro, Maestro…y le besó.” (Marcos 14:45); lo sustantivo es el acto de la traición al que el mismo Jesús hace referencia, por cierto, sin llamar traidor a Judas ni una sola vez.

Sin lugar a dudas, la perversa conducta de Judas, debe constituirse en un franco llamado a la recta conciencia de los políticos, de los ciudadanos, de los religiosos, de los líderes sociales y de los profesionales.

Bien decía Maquiavelo que el único acto de los hombres que no se justifica es la traición política y a la patria.

Cuántos políticos, independientemente de su credo religioso, apartan  principios éticos de su fe para los falsos dioses del poder y el dinero, con objeto de alcanzar un soñado puesto público en la estructura de Poder Ejecutivo o en el Congreso y pactan con gobiernos y partidos contrarios a los valores evangélicos (cristofóbicos).

Cuántos políticos hoy no cumplen su palabra y sin guardar el debido respeto a su palabra, sus promesas y declaraciones públicas, cometen el delito de entregar la formación espiritual de la nación a los enemigos de Dios (teofóbicos).

La presencia de personajes, en la historia de los pueblos y países,  traidores de sus principios y valores ha sido un hecho real y constante.

La traición ha destruido alianzas partidarias, organizaciones sociales, imperios, reinos y hasta la nobleza de una familia. Verbi Gratia, Efialtes de Tesalia (las termópilas), Junio Brutus (roma), Dalila (Sansón).

Muchos traidores cambian de bando por intereses y ambiciones personales, enemistándose con leales amigos y con lo que antes defendían. Otros continúan proclamando su fidelidad a concepciones doctrinarias, filosóficas e ideológicas sin abdicar de su organización política, pero sus hechos desvirtúan la articulación de sus palabras.

Es muy grave, en política, traicionar las convicciones espirituales, las promesas de campaña electoral y el ideario programático con el deliberado propósito de alcanzar poder, riqueza y “prestigio”.

Si bien es cierto, a un traidor no le preocupa en lo más mínimo los daños que con su injusta actitud pueda infringir a sus semejantes, siempre debe tener muy claro que ante la verdad no puede ocultar ni falsificar la realidad en función de sus intereses y de su infidelidad.

Es evidente y deseable, entonces, que por decencia, pudor, rectitud y dignidad los Judas Iscariote deben ser expulsados, del  cotidiano quehacer político.

Es urgente acabar con la corrupción, iniquidad y la falta de valores éticos.

(Los comentarios y artículos de opinión, son propios de las personas que los escriben y no necesariamente representan el pensamiento de este medio).