OPINIÓN

La Semana Santa gracia y salvación

La culminación de la pasión de Cristo, no ocurre el Viernes Santo, como muchas veces se piensa.

Dr. Carlos Araya Guillén / articulista.

La semana santa es una celebración litúrgica cristiana de gran antigüedad en la historia de la Iglesia.

Siguiendo los diferentes relatos de los evangelios se inicia el denominado Domingo de Ramos con la entrada de Jesús en Jerusalén montado en un humilde burro, entre hojas de palmeras  y cánticos  de ¡hosana!  ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel.

La culminación de la pasión de Cristo, no ocurre el Viernes Santo, como muchas veces se piensa, sino la gloriosa Resurrección del Señor de entre los muertos, ocurre el domingo de pascua, por cuanto, como afirma San Lucas,“era imposible que fuera retenido por la muerte”. (Hechos 2:24).

Es aqui donde según la Escritura, dos varones con vestiduras resplandecientes aparecieron en la tumba de Jesús para advertir que Cristo había resucitado. (Lucas 24: 4-6) ¡Es la verdadera y triunfal fiesta dominical!  

En esa semana, el día viernes se recuerda, de manera especial, la crucifixión de Jesús en el Gólgota (lugar de la Calavera), la entrega de la vida del Hijo de Dios como expresión de infinito y gratuito amor de Dios al mundo, «para que todo aquel que deposite su fe en Cristo no se pierda, sino que tenga vida eterna».  (Juan 3:16).

Más allá de repetir la muerte del Hijo de Dios en las ceremonias religiosas, de sentir nuestro corazón estremecerse al ver el cuerpo de Jesús, flagelado, escupido, golpeado, sangrado en el costado y por la corona de espinas y clavado en una cruz, debemos descubrir en la cruz del calvario el carácter salvífico de la gracia y el amor de Dios. Un don de entrega y amor.

Como lo expresó Pablo en la carta a los Filipenses «Cristo Jesús se despojó a sí mismo, tomando la forma de siervo…y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte en la cruz. Por lo cual Dios lo exaltó hasta lo sumo (resucitó)». (Fil 2: 7-8).

La resurrección de Jesús, su victoria sobre la muerte es el fundamento y validez de nuestra fe y la esperanza de nuestra resurrección. Dice Pablo, que «si Cristo no resucitó el mensaje que predicamos no vale para nada, ni tampoco vale para nada la fe que ustedes tienen». (1 Corintios 15:14)

Por eso, destacamos como creyentes que el eje central de la semana santa es el poder salvador del evangelio de la Gracia de Dios ( Romanos 1:16 y 17 y Efesios 2:1-10).

Una cosa es hacer memoria de la pasión y muerte de Jesús y otra muy diferente es celebrar la gran salvación de Dios reconociendo en esos días a Cristo resucitado como redentor, salvador y confesar con nuestra boca que Jesús es el Señor.

Conviene leer, estudiar y meditar la gran carta paulina a la Iglesia de Roma (escrita en el año 57 de nuestra era), mensaje tan ignorado en las predicaciones y mensajes de nuestros días.

Hagamos nuestra esta semana santa profundizando los textos de la Palabra de Dios y viviendo con fidelidad sus enseñanzas.

La fe que predicamos está en la confesión con nuestra boca que Jesús es el Señor y creemos de corazón que Dios le levantó de los muertos seremos salvo.

«Porque con el corazón se cree para justicia (justificación por la fe), pero por la boca se confiesa para salvación. (Romanos 10: 9,10.  Porque por gracia somos salvos por la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios, y no por obras humanas para que nadie se gloríe». (Efesios 2: 8-9). Amén

Fuente: Sagrada Escritura DHH/2016.

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