Que no nos pase lo de mi patria Venezuela

 

Dayana Agüero López/Abogada/ periodicomaranata.com

El Salmo 75, señala;  “A los orgullosos les mando que no se crean tan importantes; a los malvados les ordeno que no sean orgullosos, que no presuman de su poder ni se sientan superiores. Los elogios no vienen del este, ni del oeste ni del sur; vienen de Dios, que es el juez. A unos les quita el poder, y a otros se lo da” (Versículos 4 al 7, TLA).

Este pasaje nos recuerda lo que siglos más tarde enseñó el apóstol Pablo: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas (Romanos 13.1, RVR 1960).

Esto debe llamarnos a reflexión, sobre todo a los creyentes, pues si bien las autoridades son establecidas por Dios, no es menos cierto que el Señor oye y ve la actitud del pueblo que demanda gobernantes, como lo hizo Israel cuando pidió ser gobernado por un rey y aunque el profeta Samuel les advirtió sobre las consecuencias, al final el pueblo decidió.

El teórico político y filósofo Joseph de Maistre (1753-1821) acuñó la frase “que cada pueblo o nación tiene el gobierno que merece”, duro enunciado, pero tristemente cierto, y es que basta con dar una mirada a algunos de los funestos presidentes que han gobernado en Latinoamérica para entender que la errada escogencia del “pueblo” y la actitud indiferente del abstencionismo, en nada han favorecido el desarrollo de nuestras maltratadas naciones, por el contrario, algunas se han sumido más en la miseria. Y es que justamente, hablando del pueblo, Dios nos advierte: “Cuando los justos gobiernan, el pueblo se alegra. Pero cuando los perversos están en el poder, el pueblo gime” (Proverbios 29.2).

La gente del país donde nací, Venezuela, gime desde hace varias décadas, por muchas razones, pero hoy quiero destacar dos que han sido nefastas y que no quisiera se presenten jamás en Costa Rica, esta hermosa tierra donde Dios me trajo.

Ellas son:

a) Que el pueblo se olvidó de Dios, pues lo dejamos como una práctica litúrgica dentro de los edificios de las iglesias  y b) Como pueblo permitimos que hombres perversos (unos con mucha preparación y otros que rayan el borde de la ignorancia crasa) llegaran al poder, las consecuencias negativas saltan a la vista.

Hoy, en Costa Rica tenemos la posibilidad de que hombres justos (no perfectos) lleguen al poder y gobiernen con justicia y equidad, usted que puede ejercer su derecho al sufragio y tiene la oportunidad de escoger, hágalo con sabiduría y si es creyente pídale a Dios que le ayude en esa escogencia, no decida por patrones impuestos,  repetición o  ganas de castigar o de votar simplemente por algo… como si su voto no tuviera trascendencia. No pierda la oportunidad de darle un giro al curso que lleva la nación y de ver en el poder a dirigentes justos establecidos por Dios.

La experiencia y el conocimiento de un gobernante se adquiere y se perfecciona con el ejercicio noble de su función, pero un corazón íntegro y un espíritu de rectitud no se compra, ni lo enseñan en la universidad, eso únicamente puede ofrecerlo y practicarlo una persona que ama, tiene comunión y desea agradar a Dios y busca dejar Su nombre en alto y honrar los valores inalterables que el Creador estableció en su Palabra.