El virus disminuye la criminalidad en América Latina (por ahora)

Kirk Semple / The New York Times /

 Con la suspensión de actividades y las órdenes de inamovilidad en buena parte de la región hay menos personas en los espacios públicos y las calles son más fáciles de vigilar.

En El Salvador, el número de homicidios se redujo casi a la mitad entre febrero y marzo. Su vecina Honduras también ha registrado una disminución en los asesinatos en las últimas semanas, así como Colombia y el estado más poblado de México.

Mientras los países alrededor del mundo se enfrentan a un creciente número de fallecimientos causados por el coronavirus, algunos están experimentando simultáneamente una inesperada —y bienvenida— reducción de otra forma de muerte: los homicidios.

Los gobiernos en todo el planeta han impuesto restricciones de viaje, toques de queda y cuarentenas para ayudar a controlar la propagación del virus. En el proceso, sin saberlo, han contribuido a la disminución de la criminalidad y la violencia, al menos por el momento.

Esta tendencia ha sido particularmente notoria en América Latina, la región del mundo que —sin tomar en cuenta las zonas de guerra— tiene los índices más altos de homicidios.

“Está alejando a la gente de las calles”, afirmó Alejandro Hope, analista de seguridad en Ciudad de México, refiriéndose a la pandemia y a las medidas de los gobiernos para combatirla. “La regla de oro es que, mientras más estricta es la cuarentena, mayor es el efecto en los crímenes cometidos contra extraños en las calles”.

Oficiales de policía en Sonsonate, El Salvador, en 2018. Las medidas de cierre del país han ayudado a reducir notablemente los homicidios en las últimas semanas. Foto: Meredith Kohut para The New York Times.

Además, opinan los analistas, los confinamientos no solo han traído como consecuencia menos oportunidades para realizar crímenes (extorsión, asaltos e incluso asesinatos), sino que el virus también ha sacado de circulación a algunos criminales que han preferido refugiarse en sus casas para protegerse de la infección. En varios lugares, las bandas criminales incluso han liderado esfuerzos para imponer toques de queda en los barrios y las regiones bajo su control.

El Salvador puso en marcha medidas de emergencia por el coronavirus antes que casi todos sus vecinos. Cerró sus fronteras a mediados de marzo, así como escuelas y muchos negocios. El 22 de marzo, el gobierno les ordenó a todos los salvadoreños que permanecieran confinados en sus casas. Las personas que fueron descubiertas en las calles sin los permisos adecuados fueron enviadas a centros de cuarentena.

Las medidas han ayudado a reducir los homicidios en las últimas semanas. Solo hubo 65 homicidios en marzo, es decir, un promedio de alrededor de dos al día, una disminución con respecto a los 114, o cerca de cuatro diarios, en febrero. Hubo cuatro días de marzo, además del 6 de abril, en que no se registró ningún homicidio.

“Estamos en una pandemia y nuestra prioridad es luchar contra ella, pero hoy se salvaron muchas vidas que se llevaba la inseguridad”, celebró el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, en un mensaje de Twitter.

El gobierno ha atribuido mayormente el reciente descenso de homicidios a sus estrategias de seguridad, las cuales se comenzaron a implementar en junio, cuando Bukele asumió el poder. Sin embargo, los expertos afirman que las medidas estrictas para obligar a las personas a quedarse en casa a fin de frenar el brote han ayudado a bajar los números mucho más.

La fila para comprar alimentos durante el encierro en Santa Ana, El Salvador. Foto: Jose Cabezas/Reuters.

Dado que la actividad comercial y los negocios permanecen en gran medida cerrados, dicen, hay menos personas en los espacios públicos. Por lo tanto, las calles son más fáciles de vigilar y hay menos probabilidades de que se conviertan en áreas de oportunidad criminal o de conflicto.

“El cien por ciento de la policía está enfocada en el control social para combatir la epidemia”, dijo Paolo Luers, un destacado columnista en El Salvador. “Incluso los soldados. El crimen tiene menos espacio para existir”.

En Honduras, donde el gobierno ha restringido severamente los desplazamientos de los ciudadanos e impuesto un toque de queda, las tiendas están cerradas, las calles están vacías y la policía está arrestando a las personas que son descubiertas manejando o merodeando fuera de sus casas, en violación a la cuarentena. Entre el 30 de marzo y el 3 de abril, más de 2000 personas fueron detenidas por violar la orden gubernamental de permanecer dentro de sus casas, afirmó la policía.

Desde mediados de marzo, cuando se les pidió a los argentinos que se recluyeran en sus casas, los robos en la capital del país han caído casi 90 por ciento, de un promedio de 225 por día a 30.

 “Hay menos circulación de personas y dinero en las calles”, dijo Sabina Frederic, ministra de Seguridad de Argentina, donde la policía también ha impuesto reglas estrictas de cuarentena. “Los fuertes controles que está realizando la policía disuaden cualquier tipo de actividad ilícita”.

Renato Sérgio de Lima, director del Foro Brasileño de Seguridad Pública, una organización que estudia tendencias de seguridad ciudadana, dijo que los asaltos y otras formas de delitos rutinarios han disminuido en varios estados del país.

 

Integrantes de la policía militar hondureña realizaron operaciones antipandillas en Tegucigalpa el año pasado. Foto: Victor J. Blue para The New York Times.

En Colombia se redujeron significativamente los reportes de muchos tipos de delitos tras la decisión del presidente de declarar una cuarentena nacional, informada el 20 de marzo. El país registró 91 homicidios entre el 20 y 25 de marzo, en comparación con los 206 registrados durante el mismo periodo el año pasado. Los casos de lesiones cayeron a 283 de 2046 del año pasado, y los robos bajaron de 5045 a 486.

Sin embargo, estas estadísticas no significan que la violencia en el país se haya detenido. En las zonas rurales, la guerra continúa. Colombia alberga un torbellino de grupos armados, muchos de los cuales están involucrados en la producción y tráfico de drogas. Algunos de esos grupos ven el cierre de los negocios y las fronteras como una amenaza a sus fuentes de ingresos.

Varios líderes locales que se han pronunciado contra estos grupos armados han sido atacados. Además, han continuado los asesinatos de líderes sociales, sin importar que el virus esté propagándose y las familias estén aquejadas por el desempleo y los suministros de alimentos cada vez más escasos.

El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, ha hecho un llamado —con poco éxito— a los grupos armados para que declaren un alto al fuego durante la crisis sanitaria. A finales de marzo, el Ejército de Liberación Nacional declaró un cese al fuego de un mes en Colombia, mientras el país lidia  con el virus. Sin embargo, muchos otros grupos no han seguido su ejemplo

 

Un hombre vende mascarillas hechas a mano en Medellín, Colombia. Foto: Federico Rios para The New York Times.

En Venezuela, un mes de cuarentena nacional ha tenido como consecuencia una disminución en los homicidios y otros crímenes violentos, pero también ha traído un aumento en las ejecuciones extrajudiciales realizadas por las fuerzas de seguridad gubernamentales, afirmó Roberto Briceño León, director del Observatorio Venezolano de Violencia, una organización de monitoreo sin fines de lucro.

“Los delincuentes se han replegado, y la policía ha continuado sus operaciones”, afirmó Briceño León.

Los beneficios contra la delincuencia de las cuarentenas apenas han empezado a registrarse en México, una nación con un panorama criminal altamente complejo. En marzo, el gobierno documentó 2585 homicidios, una de las cifras mensuales más altas que se han registrado.

Pero el gobierno del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, también ha tardado más que muchos otros países de la región en imponer medidas para combatir la propagación del virus. Su gobierno esperó hasta finales de marzo para emitir la orden de confinamiento en casa, pero con carácter de voluntario. En algunos barrios de las ciudades más grandes del país, la vida ha continuado con cierta normalidad.

Sin embargo, hay evidencia de que las medidas han comenzado a hacer mella en la delincuencia mexicana.

Maribel Cervantes Guerrero, secretaria de Seguridad del Estado de México (la entidad más poblada del país), dijo que, desde que el gobierno lanzó su campaña “Quédate en casa”, las autoridades han visto una reducción en la mayoría de los delitos, incluyendo los homicidios, los cuales cayeron a 42 la primera semana de abril, de 74 la semana anterior.

“Eso se debe simplemente a que hay muchas menos personas en esta zona altamente poblada”, dijo.

México esperó hasta fines de marzo para emitir recomendaciones de quedarse en casa, que son voluntarias. En algunas áreas, la vida ha continuado de manera normal. Foto: Daniel Berehulak para The New York Times.

Los analistas y funcionarios de seguridad afirman que, a medida que la pandemia empeore en México, el contagio se propague y muchas más personas tomen en serio la cuarentena, es muy probable que la delincuencia disminuya más, como ha sucedido en otros países.

Sin embargo, los analistas opinan que mientras más tiempo perduren las medidas restrictivas, mayor será la probabilidad de que ciertos crímenes empiecen a repuntar.

Eduardo Guerrero, un analista de seguridad en Ciudad de México, pronostica que, si las medidas de confinamiento continúan después de abril, delitos como el saqueo podrían empezar a aumentar, “particularmente en estados con niveles altos de pobreza y en donde los funcionarios locales no logren implementar programas sociales que ayuden a mitigar impacto económico de la pandemia”.

En Brasil, donde el cierre de fronteras ha interrumpido la cadena de suministro de los traficantes de drogas, algunas áreas ya han registrado un aumento en los robos de cajeros automáticos y automóviles blindados.

“Los traficantes de drogas están centrando sus esfuerzos en robos grandes, para ganar dinero pese a los efectos del aislamiento social”, dijo Lima, del Foro Brasileño de Seguridad Pública.

Además, hay una creciente preocupación por toda América Latina y el mundo sobre el aumento de casos de violencia doméstica causado por los confinamientos.

En Argentina, el gobierno ha instado a las mujeres que estén siendo víctimas de abuso doméstico a que pidan un “barbijo rojo” en las farmacias. Es un mensaje en código para contactar a las autoridades.

En Brasil, los reportes de violencia doméstica se incrementaron un 9 por ciento durante las primeras semanas de confinamiento en casa, en comparación con el mismo periodo del año pasado. Las autoridades comentaron que están considerando dar refugio a algunas víctimas de abuso doméstico en hoteles durante el tiempo que estén vigentes las medidas por el coronavirus.

En este reportaje colaboraron Paulina Villegas desde Ciudad de México, Julie Turkewitz desde Bogotá, Anatoly Kurmanaev desde Caracas, Ernesto Londoño y Manuela Andreoni desde Río de Janeiro, Daniel Politi desde Buenos Aires, Letícia Casado desde Brasília, Nic Wirtz desde Antigua, Guatemala, y Gene Palumbo desde San Salvador, El Salvador.