FORMACIÓN

Siete preguntas para evaluar si un proyecto o decisión es la voluntad de Dios

Conocer la voluntad de Dios es fácil y difícil a la vez.

Leo Meyer / Coalición por el Evangelio / Diseño gráfico: Busca de Dios /

Por un lado, es fácil porque lo que Dios desea que sus hijos hagan es, en general, muy claro en la Escritura. Por otro lado, es un desafío porque requiere esfuerzo y trabajo duro en reflexión seria mediante la Palabra discernir cómo aplicar ciertas verdades a nuestra vida y no siempre estamos dispuestos a pagar ese precio.

Cuando se trata de decidir un cambio o evaluar una propuesta, nos sentimos como ante una montaña empinada. No me refiero a la duda entre escoger un helado de chocolate o uno de fresa. Hablo de decisiones de peso que catalizan o hipotecan nuestro futuro.

Algunas circunstancias que nos trasladan a esa aventura pueden ser aceptar o rechazar una nueva oferta de trabajo, mudarse a otra nación, hacer un compromiso matrimonial, decidir por una carrera, cambiar de iglesia, invertir recursos económicos, adoptar hijos, entre otras decisiones parecidas o más complejas, que van a depender de la edad y la etapa en la que cada cristiano esté.

Si vamos al fondo del asunto, debemos reconocer que lo que convierte el momento de decisión en tensión es la realidad de que vivimos en un mundo caído, profundamente afectado por el pecado.

El hijo de Dios debe luchar entre decidir lo que honra a Cristo —y por tanto, habla bien del evangelio— y lo que sus sentimientos y afectos caídos desean hacer.

Al final del día, nuestros pensamientos y voluntad deben ser sometidos al señorío de Cristo. La buena noticia es que, en el poder del Espíritu, todo cristiano puede ganar esa batalla.

Con la meta de aportar otra arma al arsenal que tienes en tu mochila de sabiduría a la luz de la Biblia, propongo siete preguntas generales para ayudar a evaluar si una decisión o proyecto es la voluntad de Dios.

1. ¿El proyecto se corresponde con la misión que tengo en la vida?

«El fin último de todo cristiano es glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre», establecen diversas confesiones de fe. Ahora bien, el Señor nos coloca a cada uno providencialmente en épocas y espacios específicos, con un idioma y un país particular, con talentos y experiencias singulares; de modo que, mediante la implementación de Sus propósitos al hacer nuestras tareas, podamos darle reconocimiento a Cristo. En otras palabras, Dios le ha delegado a cada individuo una tarea que empalma con la visión de darle gloria (Ef 2:10).

Es nuestra tarea buscar en oración y reflexión cómo luce esa misión particular en nuestras vidas y llevarla a cabo. Mi recomendación es que, después de orar y reflexionar a la luz de la Biblia, redactes en pocas palabras la razón por la que vives y que reflexiones sobre la manera en que debes perseguirla.

Asegúrate de que esa misión busque la gloria de Dios y evalúala constantemente.

Finalmente, filtra tus planes, proyectos o ideas con esa misión. Si estos no se corresponden con tu misión de vida, entonces tienes un primer resultado a considerar.

2. ¿Es el tiempo apropiado para hacerlo?

Que seas hábil para hablar no significa que debas hablar siempre. Debajo del cielo todo tiene su tiempo (Ecl 3) y así como debemos buscar el momento apropiado para hablar, también debemos procurar el momento apropiado para cada decisión grande que debamos tomar.

Admito que cuesta frenar nuestros impulsos emocionales para pensar detenidamente si es la hora de avanzar hacia una meta o de ejecutar algún plan. Sin embargo, no permitas que los reportes ejecutivos de logros que algunos publican en las redes sociales te generen ansiedad. Una vez que Dios abra la ventana de oportunidad correcta, podrás ejecutarla.

Así que, aunque suene repetitivo, espera el tiempo apropiado.

3. ¿Mi carácter se encuentra listo para enfrentar las tentaciones y las tensiones que la etapa nueva traerá?

Reconozco que esta es una pregunta con el potencial de herir nuestras emociones. El orgullo humano es sensible y el miedo a ser dañado lo mueve a ignorar la realidad de su verdadero estado.

Sin embargo, no es malo confesar que el caballo no está listo para la batalla. Sé valiente y en dependencia del Espíritu, examina con sinceridad tu vida (Ro 12:3-5).

Una vez lo hagas, sea que estés listo o no, recuéstate en el favor de Dios y avanza a su velocidad.

4. ¿Tengo los talentos y los dones que la tarea o compromiso demanda?

Aunque la corriente de emprendimiento secular sugiere que vas a lograr lo que sea que te propongas, la realidad práctica es que si tus habilidades y experiencia no coinciden con la demanda del plan o proyecto que ejecutas, las probabilidades de fracaso aumentan significativamente.

Es saludable realizar una comparación entre tus aptitudes y lo que requiere el proyecto que tienes enfrente y luego, aceptar los resultados con humildad, pues te has predeterminado a actuar en consecuencia a dichos resultados (cp. Ro 12:3), por causa de Cristo y para Su gloria.

5. ¿El consejo de personas maduras y que me aman aprueba la decisión?

Es imposible negar la arrogancia que gobierna la sociedad de nuestros días. En especial entre los más jóvenes, quienes son más propensos a llenar su mente con sueños poco racionales. Por lo mismo, tenemos la tentación de desconsiderar el consejo de otros.

Muchos factores pueden provocar eso y este no es el espacio para tratarlos. No obstante, sugiero que uses la experiencia y el conocimiento de los mayores, porque en la multitud de consejos encuentras sabiduría (Pr 11:1424:6).

En esa mina de experiencias puedes comprender mejor la piedra preciosa de la voluntad de Dios. Por tanto, antes de avanzar, asegúrate de que el consejo de los sabios aplauda razonablemente tu proyecto.

6. ¿Puedo confirmar en oración que Dios desea eso para mí?

No propongo que la paz interna sea la única señal para validar lo que Dios quiere para nosotros. Sin embargo, este y otros afectos pueden ser producidos por el Espíritu Santo en nosotros como indicador de su tiempo para ejecutar un proyecto.

Las emociones y pensamientos internos se confirman en nuestra relación personal con el Señor, si fluyen de una mente bíblica. El salmista nos incentiva: «Pon tu delicia en el SEÑOR». Luego afirma: «Él te dará las peticiones de tu corazón» (Sal 37:4). Así nos invita a tener un corazón que se distingue por estar dominado por los deseos del Espíritu y se caracteriza por una disposición a rendir toda su vida a las directrices divinas.

Si un creyente se da cuenta de que sus planes no poseen el endoso divino, debe estar más que dispuesto a renunciar a ellos con miras a complacer a su Dios por encima de todo. Derrama tu corazón delante del Señor en oración y ruega que ponga en ti sus deseos y afirme sus propósitos.

7. ¿La propuesta está de acuerdo con la Palabra de Dios?

Finalmente, aunque definitivamente no menos importante sino prioritario, la voluntad general de Dios se encuentra en las Escrituras. Toda la Biblia constituye el filtro principal que los hijos de Dios utilizamos para determinar que cada decisión que tomemos agrade a Dios y por tanto, se encuentre bajo el señorío de Cristo.

Las Escrituras en su conjunto son el estándar que mide la piedad de nuestros planes. Por tanto, los cristianos debemos conocerla y vivirla. También deberíamos utilizarla objetivamente para evaluar si un proyecto o decisión viene de la planificación celestial.

La vida es complicada y nuestros corazones son complejos. Todos quisiéramos que fuera más fácil tomar un rumbo determinado. Sin embargo, te animo a que consideres estas preguntas para aplicar sabiduría en tus decisiones, con el objetivo de apuntar a la cruz y que el Señor esté complacido por tu determinación de agradarle.

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