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El nuevo intento de legalizar el aborto en Argentina tiene el respaldo presidencial

Daniel Politi / The New york Times /

BUENOS AIRES, Argentina — Alentadas por la esperanza de que la transformación del panorama político haga que su objetivo sea más asequible, las activistas a favor de la legalización del aborto en Argentina han iniciado formalmente una segunda ronda de esfuerzos por promover el derecho a la reproducción en la tierra natal del papa Francisco.

Hace dos años, estos activistas organizaron un fuerte movimiento comunitario que ayudó a convencer a la Cámara Baja del congreso de que votara en favor de la legalización del aborto, pero el Senado rechazó el proyecto de ley por un margen muy estrecho.

Este año, los promotores de la legislación tienen un poderoso aliado, el presidente de Argentina, Alberto Fernández, quien asumió el cargo en diciembre y supuestamente presentará un proyecto para legalizar el aborto cuando inaugure la sesión legislativa el primero de marzo.

“En este año no estaremos debatiendo si el aborto se aprueba o no, sino qué clase de proyecto de ley se aprobará”, dijo Celeste Mac Dougall, una defensora férrea del derecho al aborto.

Todavía están por anunciarse los detalles de la propuesta de Fernández, que deberán incluir hasta qué etapa del embarazo podrá realizarse un aborto de manera legal. Pero el miércoles 19 de febrero, decenas de miles de mujeres se volcaron a las calles en Argentina para apoyar los intentos de acabar con las leyes restrictivas relacionadas con el aborto de esa nación.

Al igual que en 2018, manifestantes de todo el país agitaron o llevaron puesto el pañuelo verde que se ha convertido en un símbolo del movimiento que aboga por la legalización del aborto.

 â€œLa ley del aborto significa mucho más que el derecho a abortar”, afirmó María del Valle Stigliano, una correctora de 30 años. “Nos reconoce a las mujeres como personas independientes con el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo”.

“La Iglesia nunca estará a favor y hay personas que siempre van a estar en contra de la legalización del aborto, pero eso no importa”, comentó Del Valle. “Tenemos que concentrarnos en las personas que aún no han tomado una decisión. Así es como ganaremos”.

Para Denise Cutuli, estudiante de comunicación de 20 años, hay una sensación de inevitabilidad relacionada con el debate. “Tarde o temprano, el aborto será legal, pero cuanto más rápido podamos lograr que se apruebe, menos mujeres morirán como consecuencia de los abortos clandestinos”, señaló. “No estamos pidiendo nada fuera de lo normal. Muchos otros países ya lo han hecho y se ha demostrado que el índice de mortalidad disminuye cuando el aborto se legaliza”.

Al ser el primer presidente argentino que apoya la legalización del aborto, Fernández seguramente complacerá a muchas personas de sus bases de centroizquierda cuando pronuncie su primer discurso ante la Asamblea Legislativa en marzo. Al convertir este asunto en un tema central del debate político, podría desviar la atención de la desalentadora situación económica de Argentina, que enfrenta un decrecimiento económico en medio de una crisis galopante de deuda.

No obstante, sigue siendo una medida política peligrosa que podría costarle el apoyo de sus aliados en las provincias más conservadoras de Argentina.

“Como está tratando de tomar un camino más ortodoxo con respecto a la economía, está recurriendo a otros temas para satisfacer las demandas de sus electores”, dijo Mariel Fornoni, analista política que dirige Management and Fit, una empresa encuestadora local. “Este tipo de cosas le permiten ganar tiempo”, añadió, pero advirtió que “también podría ser contraproducente” si las votaciones no salen como prevé.

No es nada seguro que se apruebe la legislación a favor del aborto. Amnistía Internacional calcula que la votación actual en la Cámara de Diputados de Argentina es de 116 a favor, 108 en contra y 33 votos indefinidos o sin datos. En el Senado, Amnistía Internacional cuenta 33 votos a favor, 35 en contra, tres legisladores indecisos y uno que está de licencia.

Esto indica que posiblemente la participación de Fernández sea decisiva.

Pese a que la votación en el congreso sigue siendo incierta, la participación social masiva de la semana pasada demostró la fuerza y el peso político de un movimiento comunitario que de manera sorpresiva atrajo los reflectores hace dos años.

En 2018, el presidente de ese entonces, Mauricio Macri, sorprendió a las activistas al permitir un debate sobre el aborto en el congreso y liberar a los legisladores para que “votaran según su conciencia”. Aunque Macri no apoyó la legalización del aborto, prometió que no vetaría la ley si era aprobada.

El impulso para legalizar el aborto surgió de un movimiento más amplio por los derechos de las mujeres que logró conseguir el entusiasta apoyo de todo el espectro político.

“Argentina no fue la misma después de ese debate”, dijo Brenda Austin, congresista de oposición aliada de Macri y una de las principales impulsoras de la ley de 2018. El aborto “solía ser un asunto tabú en la política y ahora es difícil encontrar a alguien que no tenga una postura”.

El aborto pasó de ser un asunto que se susurraba entre amigos cercanos para convertirse en un tema de debate en la mesa de la casa.

“La descriminalización social ha sido impresionante”, dijo Mariana Romero, investigadora del Centro de Estudios de Estado y Sociedad, una organización sin fines de lucro. “La gente ahora habla del aborto y eso es un cambio enorme. Se ve en las calles y en las redes sociales”.

Muchas figuras políticas han atribuido su cambio de opinión sobre este asunto al activismo de los jóvenes. Una de ellas fue la vicepresidenta Cristina Fernández, quien felicitó a “las miles de chicas que se volcaron a la calle” en 2018, cuando, siendo senadora, votó a favor de la legalización. Cuando fue presidenta, de 2007 a 2015, estuvo en contra de la interrupción del embarazo.

Argentina es uno de varios países de América Latina que autoriza el aborto bajo ciertas circunstancias, las cuales incluyen la violación y cuando la vida de la madre está en peligro. Solo tres países de la región —Cuba, Uruguay y Guyana— han legalizado el aborto, el cual también es legal en algunas partes de México.

En la práctica, los médicos argentinos casi nunca quieren practicar abortos, ni siquiera en circunstancias en las que es legal, porque temen que haya repercusiones legales o sociales.

El año pasado, por ejemplo, los doctores que interrumpieron el embarazo de Lucía —una niña de 11 años de Tucumán violada por la pareja de su abuela— bajo orden de la corte, fueron imputados por una fiscala luego de que realizaron el procedimiento que los doctores de un hospital público se negaron a hacer. Como el embarazo estaba tan avanzado y la niña era muy menuda, los doctores decidieron que la mejor forma de proceder era hacer una cesárea para el parto de un bebé que era muy difícil que sobreviviera. El bebé murió unos días después, y los doctores fueron acusados de homicidio. El caso sigue abierto, aunque sin procesados.

El caso de Lucía ilustra que “existe la convicción en el sistema judicial de que la persona que aborta es un criminal”, dijo Ana Correa, quien escribió un libro sobre Belén, una mujer de 27 años sentenciada a ocho años de prisión después de que la corte determinara que se había sometido a un aborto. Sin embargo, ella siempre sostuvo que había sufrido un aborto espontáneo y el fallo inicial de la corte fue anulado. Belén fue liberada luego de dos años presa.

Entre 2015 y 2018, murieron al menos 155 mujeres por complicaciones resultantes de abortos, lo que, de acuerdo con el Ministerio de Salud, representa el 16 por ciento del total de la mortalidad materna.

Sin embargo, quienes defienden la legalización del aborto saben que en los últimos dos años sus opositores, alentados por las Iglesias católica y evangélica, también salieron en grandes grupos a manifestarse contra la legalización en 2018.

La Iglesia católica de Argentina ha convocado a una movilización el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, organizada en torno a la consigna “Sí a las mujeres. Sí a la vida”.

“Estamos en estado de alerta… no nos tomará por sorpresa”, señaló Rubén Proietti, director de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina. “Si persiste la iniciativa de legalizar el aborto, la Iglesia evangélica volverá a congregarse para protestar”.

Proietti señaló que, independientemente de Argentina, existen inquietudes sobre lo que podría significar la legalización del aborto en Argentina para toda la región.

Los posibles efectos en la región como resultado de una votación en favor de la legalización también han provocado inquietud acerca de la participación que podría tener el papa Francisco contra la iniciativa. Debido a ello, las y los activistas se tranquilizaron cuando Alberto Fernández reiteró sus intenciones de abogar por la despenalización del aborto poco después de su reunión en el Vaticano con el sumo pontífice. Fernández mencionó que no habló sobre ese tema con el papa.

“Estamos muy optimistas”, afirmó Mac Dougall, la defensora de la legalización del aborto, “pero sabemos que nuestra arma más poderosa para garantizar que el aborto se legalice es volcarnos por miles a las calles”.

Ernesto Londoño colaboró con este reportaje.

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