¿Por qué genera dudas la vacuna para el COVID-19 aprobada en Rusia?

Cristina Coello. /Quito / Edición Médica/

Los especialistas consideran que se politizó un tema de salud pública

El Instituto Gamaleya del gobierno ruso no ha realizado aún la fase 3 de investigación sobre miles de voluntarios de su vacuna y muy poco se sabe de ella. No obstante, el mismo presidente ruso, Vladimir Putin anunció que es suficientemente óptima como para comenzar su desarrollo industrial en septiembre y salir al mercado el 1 de enero del próximo año.

 Al parecer conseguir una vacuna para ponerle freno al CoVID19 se ha convertido en una de las mayores carreras geopolíticas en las que Rusia, China, Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, entre otros, han ido avanzando.
 
Pero es precisamente lo poco que se conoce de la vacuna Sputnik V, bautizada así en honor a los primeros satélites ruso, lo que ha generado desconfianza en el ámbito científico.
 
En conversación con EDICIÓN MÉDICA, los investigadores Enrique Terán (Farmacología) y Fabricio González (Genética) han coincidido en tres puntos: que aún hay que mantener cautela con el anuncio, que no hay suficiente transparencia y que el tema se ha politizado.
 
“Los rusos son brillantes pero no se puede confiar en una vacuna que no muestra de forma pública los resultados de la fase II. Entonces queda la duda”, ha considerado González.
 
Para Terán el anuncio ruso “es una irresponsabilidad en medio de la angustia de la gente, de tener algo que les proteja. Eso presagia que va a fracasar la mayoría de vacunas por más adelantadas que estén, o que van a tener que ser prudentes y esperar el tiempo que sea necesario”, ha considerado.
 
“Tenemos varias preocupaciones” ha admitido Terán, quien señala a las más importantes el hecho de que las vacunas, a diferencia de los fármacos, necesitan pruebas a gran escala y, que deben desarrollar una memoria inmunológica sostenida (durar más de tres meses).
 
Por su parte, González ha advertido de posibles efectos adversos “que no podamos controlar, o que no conozcamos”.
 
Terán ha recordado que en las vacunas disponibles actualmente, como la del sarampión, difteria, rubeola etc., se identificaron efectos adversos en un individuo de entre cincuenta mil (o incluso uno en quinientos mil).
 
Pero las vacunas para el CoVID19 más adelantadas, como la de Oxford, “están proponiendo estudios (fase 3) con 36 mil personas. Eso significa que esta vacuna no podrá detectar esos efectos adversos que aparecen” en muy pocas personas. Entonces todas las vacunas incluida la rusa deben hacer estudios a largo plazo y eso no lo ha hecho ninguna, ha añadido el especialista en Farmacología.
 
Así mismo, González ha recalcado que todas las inmunizaciones han sido elaboradas rápidamente “y todavía no tenemos la certeza de que funcionen de forma adecuada, entonces hay que esperar”.
 
Hasta mientras, queda claro que la vacuna rusa “a duras penas ha superado la fase dos. Eso solo demuestra que no es tóxica y que puede generar inmunidad. De allí, a que sea utilizable masivamente hay una gran brecha, que lastimosamente los rusos pueden tratar de aprovechar”, ha considerado Terán.
 
A eso se suma el hecho de que Rusia ha probado la vacuna en población caucásica fundamentalmente, que es genéticamente es distinta a la mestiza, indígena o afrodescendiente. “Por lo tanto, nada garantiza que la respuesta inmunológica sea la misma” si se aplica en población Latinoamericana, ha añadido.
 
Los especialistas también mencionaron que tampoco existe ninguna certeza sobre el proceso de fabricación, o si requiere cadena de frio, o datos sobre la reacción cruzada con otras vacunas. Tampoco se conoce si ha sido probada en mujeres embarazas, población pediátrica, o en ancianos.  
 
En ese sentido, Terán ha advertido que se desconoce el tipo de cepa con el que ha trabajado Rusia, “posiblemente sea la cepa original de Wuhan (China). Pero la pregunta es si esa vacuna cubrirá las variantes del virus original, porque hay que recordar que mientras más muta un virus, menos protección brindan las vacunas”.
 
Los dos especialistas estiman que para junio de 2021 se aclare un poco más el panorama de una vacuna segura, eficaz y si será necesario una re aplicación