Pero ¿de qué lado está el Tribunal de Estrasburgo? ¿A favor o en contra de los derechos humanos?

Alfonso Basallo / Actuall /

Hay que decir, lo primero, que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos no es una institución de la UE, pero sí está relacionada con ella, puesto que los jueces que lo componen son elegidos por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.

Pero a veces dan ganas de preguntarse de qué lado está: a favor o en contra de los derechos de los ciudadanos europeos.

Ese tribunal fue, por ejemplo, el que tumbó la doctrina Parot, en 2012. Lo cual suponía soltar a 61 presos etarras y dar la razón a la terrorista Inés del Río, con 24 asesinatos a sus espaldas -entre ellos los de 12 guardias civiles del atentado con coche bomba en la madrileña plaza de la República Dominicana-.

El tribunal condenó a España -es decir a usted y a mí- a indemnizar a la ‘killer’ con 30.000 euros, alegando que nuestro país había violado el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

Estrasburgo no se entera. O, peor aún, se entera demasiado. Ya que el juez que promovió semejante decisión era el socialista Luis López Guerra, que había sido “número dos” del Ministerio de Justicia con el Gobierno de Zapatero (otro que, por cierto, no se sabe si está del lado de España o en contra).

El caso es dar la razón a los enemigos y reírse de las víctimas. Mutatis mutandi, eso es lo que ha pasado con otra decisión judicial que abre la puerta a la sharia o ley islámica en Europa.

Con una reciente sentencia (el caso Molla Sali v. Grecia), Estrasburgo acepta la aplicación de la sharia en Europa en ciertas condiciones, a pesar de que el propio tribunal siempre ha considerado que la ley islámica es, por definición, incompatible con los derechos humanos.

De hecho, en 2003 los jueces de Estrasburgo confirmaron la disolución de un partido islamista que quería decretar la sharia en Turquía, advirtiendo que era incompatible con los principios fundamentales de la democracia.

Con el cambio de criterio, cualquier Estado europeo, a partir de ahora, puede conceder a su comunidad musulmana la libertad de regirse por las leyes de la sharia sin que esto contravenga la Convención europea de derechos del hombre.

Alguien puede alegar: ¿y qué? mientras no molesten a los demás, mientras se circunscriba sólo a su ámbito… El problema es que ese ámbito no para de crecer demográficamente. Y cuando, andando el tiempo, surjan partidos islamistas con suficiente peso electoral y lleguen a ayuntamientos, parlamentos y gobiernos la sharia podría llegar a imponerse en el resto de la población. Sin aspavientos, por el conducto democrático reglamentario, igual que pasó en la Alemania de los años 30.

El famoso multiculturalismo, denunciado por Giovanni Sartori, es lo que tiene. Y lo que ha hecho Estrasburgo es abrir la puerta, desde dentro, a la ley islámica, igual que el conde Don Julián abrió la puerta, desde dentro, a Muza y Tarik en el 711, propiciando la invasión musulmana de España.

La sharia ya rige, de facto, en numerosas ‘no gone zone’ musulmanas del Reino Unido, Francia, Bélgica, o Suecia, donde ni siquiera se atreve a entrar la policía, con que imagínense si Estrasburgo les da la bendición judicial. Y las formaciones políticas islamistas que ya existen, no se cortan un pelo en anunciar sus intenciones, como hace un pequeño pero combativo partido de Bélgica.

No es la única bajada de pantalones del Tribunal, en los últimos meses, ante la cultura antidemocrática de los islamistas. Aquí en Europa se puede criticar y/o disentir de Carlomagno, Federico el Grande, Hitler, Marx, Lutero, Pio XII, Ratzinger, Darwin etc. pero ojo con Mahoma: no se te ocurra hablar de él, porque te puede llover una multa. No hablamos de insultos, no; simplemente una opinión basada en hechos históricos, relativa a su -¿como lo diríamos?- forma de entender el matrimonio.

Porque eso es exactamente lo que ha hecho Estrasburgo al condenar a una mujer, en Austria, por preguntarse, ¿cómo llamamos el matrimonio de Mahoma con una niña de 9 años, si no es pedofilia?

Los hechos son rigurosamente históricos, el profeta tenía 56 años y Aisha, su esposa-niña, tenía 9. La buena señora, Elizabeth Sabaditsch-Wolff, hizo el comentario en una conferencia sobre el Islam al manifestar que Mahoma era un pedófilo porque se desposó con una menor, que ni siquiera había llegado a la pubertad.

Con la sentencia, el Tribunal de Estrasburgo hace saber a todo europeo que la critica a  Mahoma constituye una incitación al odio y que no está protegida por la libertad de expresión. El fallo ha merecido la felicitación de la Organización de Cooperación Islámica (OCI), que reúne a 57 países musulmanes, y que lleva tiempo presionando a la UE para que limite la libertad de expresión cuando se trata de críticas al Islam. Significativo.

La pregunta es si no estaremos llevando demasiado lejos lo que en el lenguaje inclusivo se llama lucha contra la islamofobia. Sobre todo cuando, en bastantes países musulmanes no reinan ni la libertad de expresión, ni la libertad de practicar otra religión que no sea el islam, y nadie en esas latitudes parece que se esté planteando la lucha contra la cristianofobia.