Pastor asesinado en Mozambique

Puertas Abiertas / Foto Prensa Latina con fines ilustrativos /

El pastor fue decapitado por presuntos militantes islámicos.

El pasado miércoles, una residente de la aldea de Nova Zambézia, se dirigió a la comandancia de policía del distrito llevando una bolsa que contenía una cabeza humana perteneciente a su marido, según fuentes militares. Los presuntos insurgentes vinculados al Estado Islámico interceptaron al pastor en un campo, lo decapitaron y luego entregaron la cabeza a su esposa y le ordenaron que informara a las autoridades, según declaró la mujer a la policía. No se mencionó el nombre del pastor.

Este es el último ataque que se sospecha que fue llevado a cabo por los yihadistas que han estado atacando distritos en Cabo Delgado desde octubre de 2017. Los insurgentes han emigrado recientemente a la provincia de Niassa, tras las misiones contra ellos de las fuerzas mozambiqueñas, ruandesas y de la Comunidad de Desarrollo del África Sur (SADC).

Mientras tanto, Human Rights Watch informa que «un grupo armado vinculado al Estado Islámico (ISIS) ha secuestrado y esclavizado desde 2018 a más de 600 mujeres y niñas en la provincia de Cabo Delgado, al norte de Mozambique».

Algunas han sido liberadas por las fuerzas mozambiqueñas y extranjeras desplegadas este año para ayudar a sofocar la violencia que ha causado estragos en la región desde octubre de 2017, pero otras continúan siguen desaparecidas, según la información de esta organización.

Una mujer de 33 años dijo que los islamistas agredieron a su tía, funcionaria local, y luego la obligaron a punta de pistola a identificar todas las casas con niñas de entre 12 y 17 años en su pueblo.

La mujer contó 203 niñas, pero no sabía cuántas habían sido secuestradas.

Un hombre de 27 años dijo: «Algunas madres rogaban a los atacantes que se las llevaran a ellas en lugar de a sus hijas. Pero uno de los mashababos (o miembros del grupo yijadista Al-Shabab en Mozambique) dijo que no querían mujeres mayores con hijos y enfermedades».

Por su parte, un antiguo secuestrado de 34 años dijo que le obligaron a seleccionar mujeres y niñas para tener relaciones sexuales con los combatientes al volver de las operaciones militares. «Las que se negaban eran castigadas con palizas y sin comida durante días».