Pánico en los mercados mundiales

Hugo Gutiérrez / Ignacio Fariza / El País /

El discurso de la presidenta del BCE acelera las pérdidas en todos los parqués europeos. La Fed inyecta liquidez para cortar la caída, aunque Wall Street cae más de un 8%.

Hace tres semanas era una mera gripe, hace dos el cisne negro de 2020 y ahora es un terremoto global de una magnitud impredecible. La crisis del coronavirus va camino de convertirse en una sacudida feroz para los débiles cimientos de la economía global: la amenaza de una recesión se ve cada vez más plausible y los mercados (Bolsas, bonos, petróleo) prolongan un repliegue que no se recuerda desde los peores días de la Gran Recesión: el Ibex 35 español ha sufrido este jueves el mayor desplome de su historia (-14,06%), en línea con el resto de grandes parqués europeos y Wall Street, que se ha visto obligado a suspender temporalmente de nuevo su cotización para evitar las ventas de pánico.

Solo el anuncio de nuevas medidas de liquidez de una Reserva Federal (Fed) que, como el BCE, da muestras de agotamiento en su munición, cortaba algo la sangría.

Pese a ello, cae a dos horas del cierre un 8,5%, su mayor desplome desde 1987. El movimiento de la Fed ha sido contundente: 1,5 billones de dólares (1,35 billones de euros). Pero el miedo cerval está ya demasiado dentro de los mercados.

En este contexto, este jueves era el día del anuncio del paquete de medidas del Banco Central Europeo (BCE). La respuesta al embate del coronavirus es la compra de más de deuda y una inyección de liquidez, pero no solo no le ha dado la vuelta a la tortilla, sino que ha empeorado la situación.

“Al igual que ocurrió con la Fed la semana pasada, la decisión del BCE no ha sentado nada bien a los mercados, que esperaban mucho más”, comenta Rosa Duce, economista jefa de Deutsche Bank España. Una clara muestra de que las palabras de Lagarde cayeron como un jarro de agua fría. O helada. Parece evidente que la política monetaria convencional no bastará en esta ocasión.

La única salida posible pasa, como subrayan media docena de economistas consultados, por ampliar el menú y aplicar con diligencia un potente plan de choque fiscal. De no hacerlo, el riesgo es caer en una depresión económica de gran magnitud, un escenario que ya no es ni mucho menos descartable.

 

En los parques mundiales, este jueves pasará al diván de las jornadas negras de la historia. Con una diferencia respecto a los desplomes de los últimas semanas: esta vez llueve sobre mojado, con valoraciones ya muy mermadas. Wall Street viene del bear market (como en la jerga estadounidense se refieren a una caída del 20% desde su máximo) más rápido de su historia: solo había pasado un mes desde el último pico.

El Ibex, por su parte, pierde ya más de la tercera parte de su valor desde el inicio de la expansión del coronavirus por Europa. “Las llamadas al uso de política fiscal son continuas y aunque hay muchas promesas, la cuantificación de las mismas y su posterior aprobación son un proceso lento, de ahí la desconfianza de los inversores y el miedo a que lleguen demasiado tarde”, añade Duce.

Si en 2008 la primera respuesta a la crisis financiera vino por el flanco monetario, la señal que este jueves mandan los mercados a Fráncfort es de total agotamiento de esa vía.

No es la primera vez que eso sucede: el martes pasado, y tras un brevísimo alborozo inicial, la Bolsa de Nueva York pagó con la misma moneda la sorpresiva y contundente rebaja de tipos de interés de la Reserva Federal (Fed).

En los analistas e inversores gana intensidad una tesis: la única alternativa posible para salir del hoyo es la política fiscal. “En este punto necesitas respuesta europeas y, sobre todo, globales.

La Fed y el BCE ya han hecho todo lo que podían hacer. Lo alarmante es que las autoridades económicas europeas van con el mismo retraso que las sanitarias cuando estalló todo en China”, apunta por teléfono José Juan Ruiz, ex economista jefe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El choque es de tales dimensiones, agrega, que si no se reacciona puede haber un “colapso económico generalizado”.

Washington y Bruselas tendrán que poner mucha carne en el asador en las próximas semanas si quieren revertir una tendencia general que empieza a recordar demasiado a los episodios más oscuros de la historia económica contemporánea.

Es tiempo de ir directo, al grano, titula de forma elocuente el departamento de estudios de BlackRock ―el mayor fondo de inversión del planeta― en su último análisis: “La única forma de encarar esta situación es añadir nuevas líneas de defensa y hacer de la política fiscal una parte explícita de la respuesta”. Si los mercados sirven de termómetro, solo cabe una conclusión: la situación es crítica y no hay tiempo que perder para sacar todo el arsenal. Y debe ser suficiente.

Las medidas de contención aplicadas hasta ahora se han revelado insuficientes para detener una ola que ha llevado a todos los grandes selectivos europeos a sufrir desplomes sin parangón reciente, superando incluso el batacazo del referéndum del Brexit. “Las acciones se han vendido en los mercados europeos a niveles que sugieren una recesión”, sostiene un informe reciente de Barclays.

Esa palabra, recesión, se ha convertido en una muletilla demasiado habitual en las valoraciones de los analistas. Mientras, el suelo de los mercados sigue lejano: “Los mercados se mantendrán agitados durante las próximas semanas y los valores europeos podrían caer aún un 10% más”, añaden los técnicos del banco británico. Esto es, como subraya el economista José Carlos Díez parafraseando al profesor de Yale Gary Gorton, “una auténtica corrida, en vez de depósitos, de mercados”.

El petróleo sufre el golpe de las prohibiciones de vuelos

Las Bolsas y el petróleo llevan días retroalimentándose, en un círculo vicioso del que no se atisba un final. Este jueves la historia no es distinta: tras varias jornadas en las que la oferta ―ingente en una guerra de precios lanzada por el segundo máximo productor mundial, Arabia Saudí, tras su ruptura con el tercero, Rusia― prevalecía como factor de preocupación, ahora la demanda ha tomado el relevo.

La prohibición de Washington sobre los vuelos con origen en Europa para tratar de frenar la expansión del virus supone un severo revés sobre las perspectivas de consumo global.

Sin soporte alguno ―demanda cayendo en picado, oferta no controlada por el antaño dominante cartel de la OPEP y Moscú, este jueves sobrepasado por los bombeos estadounidenses―, todo queda al albur del mercado, como recuerda Norbert Rücker, del banco suizo Julius Baer.

Y eso solo puede significar una cosa: una depresión aún mayor de los precios. “Estarán en el entorno de los 30 dólares antes de que puedan entrar en una fase de lenta recuperación a mediados de año. Los temblores resonarán aún durante tiempo”, sentencia.

En solo una semana el crudo ha perdido casi la cuarta parte de su valor. Este jueves el barril brent, el de referencia en Europa, se intercambia por unos 33 dólares (un 8% menos que la jornada anterior), muy cerca de los 30 dólares a los que alude Rücker.

La respuesta de los países productores es pisar el acelerador de la oferta en una estrategia contraria a lo que dicta la intuición para hacer frente a una demanda deprimida: en el pasado, cuando la economía echaba el freno y arrastraba consigo a la demanda, los productores tendían a restringir el grifo de la oferta para tratar de nivelar el mercado y ofrecer un apoyo a los precios.

Hoy, la estrategia a seguir está siendo exactamente la contraria: Riad está ofreciendo su petróleo en Europa ―un mercado tradicionalmente abonado para el crudo ruso― e incluso en EE UU ―ya inundado por el fracking―: según los datos de Bloomberg, petroleras europeas como Repsol, Cepsa, Total o Royal Dutch Shell están recibiendo petróleo saudí desde hace días a precios de derribo.

La inestabilidad económica y el temor de los mercados se deja sentir asimismo en los bonos de los Estados a 10 años. La prima de riesgo española (diferencial con el bono alemán, el considerado más seguro) ha subido con fuerza hasta los 122 puntos básicos, 26 puntos más que este miércoles.

Esto se explica por el empeoramiento del bono español (escala hasta el 0,5%%) y por la resistencia del bund alemán en el -0,74%. El bono alemán a 10 años es, junto con el papel estadounidense y el yen, el único refugio posible en la tormenta.