Una exmonja que ahora escribe cartas con mensaje espiritual

Adina Hernández / periodicomaranata.com

Ella se llama Maritza Rodríguez Oviedo, es parte del grupo de apoyo del Hospital Dr. Calderón Guardia. Su llamado no es solo de orar por los enfermos, sino de algo muy especial, el Señor le encomendó escribir cartas, con mensajes tomados de la Sagrada Escritura, los cuales llegan a un destinatario que ella no conoce y que tampoco ellos saben quien se los envía.

Doña Maritza de casi 70 años de edad, comenzó con esa labor después de abrazar el evangelio hace como dos décadas, cuando repartía tratados en el Hospital San Juan de Dios a la hora de la visita. Ahí llegaba con un maletín lleno de porciones bíblicas y el guarda la dejaba pasar sin problema alguno.

Un día, Dios la inspiró a escribir una carta y adjuntarla al tratado con una grapa. La nota llevaba versículos bíblicos y un breve comentario ajustado a la Palabra.

Desde ahí en adelante siguió haciendo lo mismo, hasta que se involucró en el grupo de apoyo del Calderón Guardia, donde distribuye porciones bíblicas de Bible Time, con un mensaje distinto para cada destinatario, según el Espíritu de Dios le da. Cada día hace entre cinco o siete cartas y las tiene listas para el momento en que sea necesario entregarlas.

Monja en su juventud

Doña Maritza fue monja entre los 14 a los 20 años. Perteneció a las Oblatas al Divino Amor, en Barrio Amón y en el Sagrado Corazón de Jesús, en Barrio González Lahmann, en Costa Rica.

Pero sintió que no era lo que buscaba. Por más penitencias, oraciones, ayunos y castigos, seguía con un gran vacío en su corazón y abandonó los hábitos.

Entonces comenzó una vida normal, teniendo un trabajo por 30 años y haciendo su propia familia.

Muchos años después, se enteró que su hija se estaba congregando en una iglesia cristiana.

En una ocasión, cuando llegó a la casa y la joven no estaba, decidió con mucho enojo, ir a traerla y cuando iba llegando a la iglesia, al escuchar los cánticos y el llamado que se estaba haciendo para entregar la vida al Señor, algo le ocurrió en su fuero interno y de una vez entró al templo y pasó adelante a recibir a Jesús en su corazón. Fue como si una fuerza sobrenatural la hubiera impulsado a hacerlo.

Desde entonces, le sirve al Señor como una evangelista de bajo perfil, que visita enfermos, ora por ellos y les escribe cartas, pero prefiere estar en el anonimato.