Una depresión la llevó a los caminos del Señor

Ella se llama Marta Quesada Sánchez y se entregó a Jesucristo hace 20 años aproximadamente.

Siendo funcionaria del Hospital San Juan de Dios llevaba una vida sin el Señor, donde disfrutaba mucho de los bailes, de la música mundana y del ambiente festivo.

Su madre, doña María Sánchez Montes, una fiel creyente, había sido funcionaria de la Caja Costarricense de Seguro Social por varias décadas y  dedicaba su  tiempo libre de jubilación a orar por los enfermos en los hospitales.

Durante años su mamá le había hablado del Señor invitándola a la iglesia, pero solo una vez fue y no le gustó la predicación, porque la Palabra expuesta la confrontó en demasía, por cuanto el pastor dijo que para ser una hija de Dios había que dejar la vida del mundo.

“Después de aquella ocasión yo le dije a mi madre que no me volviera a invitar a la congregación, porque no me gustó lo que dijo el pastor. Yo le dije a ella que si Dios existía, que le dijera en sus oraciones -que sabía que Él la escuchaba- que yo decía que viniera Él y me convenciera y que no mandara a ningún intermediario”, afirma nuestra entrevistada.

Y pareciera que Dios tomó en serio aquel recado, porque  años después vino una terrible etapa depresiva  a su vida, con  funestos pensamientos de suicidio y  poco deseo de seguir viviendo. Era realmente algo angustiante.

Fue en una tarde que una amiga creyente que la vio en ese estado, la invitó a su casa, si saber que la intención era presentarle a Jesús como Señor de su vida.

“Recuerdo que le pedí perdón a Dios, lloré mucho y fue como que hubiese  vaciado un saco de culpas y de pecado, de manera que me sentía muy diferente, aunque no entendí exactamente que fue lo que me  pasó”, comenta doña Marta.

Esta amiga la invitó a una actividad denominada “9 horas de poder”, que se realizaría el sábado siguiente en el Centro Evangelístico de Zapote, pero Marta le dijo que a eso no iría.

Sin embargo, le ocurrió un fenómeno extraño, comenzó a sentir una sed por la Palabra de Dios y buscó una vieja Biblia medio rota que se encontró en la casa y para sorpresa, en todo lo que leía, Dios le hablaba.

“El día siguiente comencé a escuchar emisoras y canales de televisión cristianos, eso jamás lo había hecho antes. En uno de esos momentos alguno de ellos estaba transmitiendo las “9 horas de Poder” y el locutor dijo usted debe de venir, aquí la estamos esperando y yo escuché la voz de Dios que me dijo ‘tienes que ir ahí, porque tengo algo para ti’. Entonces me alisté junto con mis hijas Dayana y Sugeily y nos fuimos para allá. En ese lugar el Señor me bendijo mucho y hasta pasé adelante cuando hicieron un llamado a los que querían ir a predicar a las naciones. Recuerdo que lloré por varias horas y ese fue el inicio de una verdadera conversión en mi vida”, enfatiza Marta.

De ahí en adelante esta licenciada en Contaduría Pública era una nueva criatura. Oraba por todos los compañeros, testificaba de lo que Jesús había hecho en su vida -aun después de sus horas laborales- su vocabulario comenzó a cambiar y sus deseos de disfrutar la música, el fumado y vida mundana, se esfumaron en forma extraordinaria.

Dios le enseñó a vestir diferente, hablar un lenguaje distinto e iniciar un proceso de santidad en toda su vida. Acompañando a su madre no solo a orar por los enfermos sino también a la cárcel de mujeres “El Buen Pastor”, donde El Señor comenzó a mostrarle el liderazgo como parte de los talentos que le había dado.

Fue en ese tiempo que alguien le habló de Asocriip y de inmediato se integró al grupo de oración del Hospital San Juan de Dios,  se asoció a la institución y años después llegó a ser la coordinadora de ese grupo de oración.

Posteriomente formó parte de la junta directiva, participando inclusive como expositora ,en las charlas del Seminario Solución Salina, que se impartió en muchas regiones del país.

Marta trabajó 35 años en el San Juan de Dios y desde hace cuatro años labora en la gerencia médica de la CCSS.