Más líderes opinan sobre el tema del avivamiento 

Róger Murillo / periodicomaranata.com / (Penúltima parte)

Para el pastor Rubén Córdoba quien era Superintendente de Santidad Pentecostal en esa época, lo que pasó en los 70 y 80 representó un gran crecimiento en casi todas las denominaciones, ya que Dios bautizaba con su Espíritu Santo por doquier, había infinidad de sanidades y milagros, al tiempo que nacían iglesias hasta en las cocheras de las casas, cultos que eran tan bendecidos que la gente no quería que terminaran. Por mencionar algunos aspectos de esas décadas.

No obstante, para él, lo que ocurrió en ese tiempo, no fue realmente un avivamiento, por cuanto un mover de Dios para que se llame así, debe impactar a todo un país. De lo que se infiere, que en Costa Rica todavía no ha ocurrido un avivamiento, según su opinión.

“He oído de avivamientos en otros países, donde la gente en las calles  experimentaba algo extraordinario aun sin ser cristianos, por ejemplo, de pronto una persona en un parque se ponía a llorar debido a la presencia de Dios. Lo mismo pasaba en las oficinas públicas y privadas, los trabajadores de un momento a otro eran visitados por Dios y comenzaban a sentirse pecadores. Buscaban sacerdotes y  pastores para que les dieran una explicación de lo que  percibían. Por eso para mí, una de las características de un verdadero avivamiento es que trascienda a todo un país, o sea es algo macro, muy general y no tiene necesariamente que ver con los años que dure”, expresó el pastor Córdoba.

Carlos Chacón tiene una opinión diferente respecto al movimiento de esas décadas, para él lo que pasó en esos años, sí fue un avivamiento, en el tanto y cuanto, impactó espiritual, social y económicamente a una buena parte de la sociedad, lo cual a su juicio es una de las características de un verdadero avivamiento, que trascienda  lo espiritual para abarcar otras áreas.

Para don Raúl Vargas el elemento clave para saber si es un avivamiento, está en el fruto que comienza a reflejarse posteriormente, por ejemplo, el florecimiento de iglesias, nuevos ministerios y manifestaciones de los dones del Espíritu. Pero también se debe tomar en cuenta el tiempo que se extienda, como muestra cita los 25 años que lleva el mover de Dios en el  Centro Mundial de Avivamiento en Colombia.

Perdimos el enfoque

Don Hugo Zelaya quien fue intérprete de uno de los misioneros de las Asambleas de Dios en esos años, analiza con mucha cautela lo que pasó en ese tiempo, recordando que Dios realmente hacía cosas impresionantes.

Para él no es relevante si debe llamarse  avivamiento o un mover de Dios, la clave es que fue algo del cielo y que el Todopoderoso es el que lo hace, cuando él quiera y en la forma que él decida, aunque con mucha regularidad utiliza al ser humano como instrumento.

“Lo lamentable es que a veces nosotros como siervos de Dios, cuando viene un movimiento especial de esta magnitud nos volvemos muy sensibles espiritualmente, a tal grado que pensamos que lo que está ocurriendo es porque somos los ungidos del Señor y eso más bien va en detrimento de la operación de Dios. Yo no dudo que parte de eso nos puede haber ocurrido”, comentó.

Acotó, que el líder promedio de aquella época fue perdiendo el enfoque, no aprovechando la cantidad de conversiones para practicar el discipulado por ejemplo y eso hizo también que se perdiera mucha consolidación del fruto.

Recalcó que a veces cuando vienen las “señales” como milagros y sanidades, el líder y el mismo pueblo tienden a poner la mirada en esas cosas y no en Jesús, lo cual aleja la manifestación del poder del Espíritu Santo.

“Hay que tener cuidado con enfocarnos en los milagros, porque no podemos vincular el mover de Dios solo con señales, más bien es al revés, si nos preocupamos por atraer la presencia del Señor, consecuentemente suelen ocurrir manifestaciones extraordinarias”, dijo don Hugo.

Factores humanos y teológicos

Para el pastor Álvaro Muñoz quien era el gerente administrativo de Faro del Caribe en ese tiempo, lo que pasó en esas décadas sí fue un avivamiento, por cuanto  provocó un despertar en las iglesias y en el liderazgo.

Su pensamiento es que cuando viene un mover de este tipo, afecta a todos los sectores y como muestra está la visitación que Dios hizo  en forma extraordinaria a la Iglesia Católica, con el florecimiento del movimiento carismático.

Al opinar sobre por qué lo fuimos perdiendo, don Álvaro argumenta que hay factores teológicos y humanos para analizar.

“Yo creo que la llenura del Espíritu Santo que recibimos es algo que hay que procurar mantener, porque pareciera que cuando llegamos a cierto nivel, nos acostumbramos tanto, que vamos entrando en un estado de confort y nos olvidamos de cultivar esa relación con el Espíritu de Dios, que debe ser algo diario, porque de lo contrario lo perdemos. Para mi, uno de los factores que afectó que perdiéramos ese mover tan maravilloso, fue un enfriamiento espiritual que inició en los ministros y consecuentemente llegó hasta las congregaciones”, dijo el pastor Muñoz, quien tiene a su cargo varias iglesias en Alajuela.

Agregó que otro factor, fue la infiltración de la Teología de la Liberación, que en forma paulatina  comenzó a quitar de la mente de muchos líderes, su pasión por la presencia de Dios y en su lugar se cultivó una serie de ideas teológicas que solo llegaron a confundir y  aminorar la verdadera pasión por Dios.

“Debemos de recordar las raíces bíblicas de las cuales venimos y volver a ese primer amor, para que aparezcan de nuevo los dones del Espíritu. Pero hay que hacerlo sin intereses particulares, con una visión de reino y no de reinito”, dijo don Álvaro.

Falta pasión

Para el pastor José Luis Madrigal, quien en esos años fundó uno de los grupos de iglesias con mayor crecimiento (La Rosa de Sarón), haber perdido aquellos tiempos tan gloriosos fue en parte porque nos confiamos espiritualmente, creyendo que la unción estaba ahí y se quedaría para siempre sin cultivarla. El otro elemento que mencionó fue que muchos ministerios sin darse cuenta, comenzaron a quitarle el mérito a Dios y a dárselos a ellos mismos.

Piensa que actualmente falta pasión para volver a eso y duda que la Iglesia contemporánea la tenga.

“Estamos viviendo tiempos de mucho materialismo y la Iglesia se nos llenó de intelectuales, eso hace que el creyente sea muy racional pero poco espiritual, entonces hasta los pastores pierden el norte procurando predicar temas complejos, sociales, sicológicos o motivacionales, tomados de libros, en lugar de doblar sus rodillas y buscar a Dios. Ahí estaría la diferencia de la calidad de sus mensajes, que a veces son muy intelectuales, pero de poca confrontación”, dijo don José Luis.

Una Iglesia adormecida

Para el pastor Orlando Álvarez de la iglesia Dimensión Cristiana, quien estuvo en la televisión secular de ese tiempo apoyando las campañas de sanidad divina, lo que ocurrió en aquellos años fue algo espiritualmente muy hermoso, porque nadie tenía que motivar a los creyentes para salir a evangelizar, la gente iba por todo lado a repartir tratados y predicar en los buses, todo esto sin ninguna pena, porque algo extraordinario estaba pasado en la vida de ellos.

“Creo que ahora hay muchas concentraciones de clamor nacional y movimientos de oración en gimnasios y estadios, pero realmente nos falta mucha pasión todavía. Además, la Iglesia tiene gran competencia con una sociedad consumista llena de  tecnología, que ha provocado  en parte que estemos predicando un evangelio muy light, donde el ministerio a veces pone mucho énfasis en él mismo y no en Dios, y eso ha hecho que el Espíritu Santo se aleje. La realidad es que uno siente un adormecimiento en la Iglesia y mucha indiferencia y se  percibe un cristianismo demasiado entretenido en las cosas del mundo”, aseveró don Orlando.

Mucho ruido y pocas nueces

Para el pastor Guyon Massey Mora, todo avivamiento es producto de un kayros de Dios, un tiempo perfecto que él ha determinado para un pueblo o nación.

“Es el Señor el que actúa sin importar condiciones espirituales ni sociales. Yo he escuchado que un avivamiento no viene porque hay pecado, pero pecado siempre  hubo en toda época y la Iglesia no está exenta. La realidad es que si uno lee la historia han existido movimientos de Dios en los peores momentos de la vida de un país y de una sociedad, por lo tanto, está claro que Dios es el que decide el cuándo y el dónde”, comentó Massey.

A su juicio parte del por qué se nos fue aquel mover de Dios de los setenta y ochenta, fue cuando los pastores comenzaron a pensar en tener iglesias grandes,  perdiendo la visión de Reino y solo pensando en su propia congregación. Dijo que a lo anterior hay que agregarle un factor importante, que en los altares  se ministraba “fuego extraño”.  También mencionó un elemento más, que algunos ministerios decidieron promocionarse así mismos, dejando a un lado a  Dios.

“Aun en las concentraciones de oración que de vez en cuando se han hecho en Costa Rica a nivel nacional en estadios, uno percibe una intención de levantar la imagen del ministerio promotor. Y pareciera que el mensaje que se da es, que ‘si va a empezar un avivamiento que comience por nosotros’. O sea, si yo invierto en la actividad y ocurre algo, debe iniciar por mi iglesia”, enfatizó don Guyon.

“Pero hay que tener claro que uno no puede fabricar un avivamiento, por más luces y oscuridad que se pongan en el templo, ni humo o tintes de show, nada de eso provoca el mover de Dios. A veces hacemos todo eso por falta de poder, es como decir mucho ruido y pocas nueces”, enfatizó.

También señaló que el Señor no repite su mover en un lugar, ni en una misma forma, que él hace cosas muy creativas que nos sorprenden. “Lo que quiero decir es que no creo que habrá otro Calle Azuza, ni  Pensacola, mi pregunta  es ¿cuándo será el próximo, dónde y cómo?” acotó Massey Mora.

Otros  factores

Para el doctor Carlos Luis Abarca, paralelo a ese mover de Dios tan innegable, se levantaron en la Iglesia elementos que fueron cizaña, los cuales no se lograron discernir.

“Por ejemplo, se nos comenzó a ofrecer alabanzas humanas con mucho espectáculo, pero una vez hecha la multiplicación de los panes, nos quedamos administrándolos y eso nos afectó”, dijo don Carlos.

Recordó que nuestro avivamiento fue muy “agringado”, con mucha doctrina e injerencia de misioneros con recursos, que en parte pretendían contrarrestar la creciente Teología de la Liberación en el continente.

“Estamos cerca de Nicaragua, que en ese momento era uno de los focos más beligerantes de la época, donde algunos, inclusive lograron descubrir  rutas de inversión evangélica con dinero de la Agencia de Inteligencia Norteamericana”, enfatizó este médico de profesión.

Para él, uno de los aspectos controversiales de ese avivamiento, fue el daño que se le causó a muchas familias, donde hasta se llegó a satanizar el seguir estudiando y a nivel ministerial se hacía una marcada división de trabajo, donde el pastor que se dedicaba a tiempo completo, había tomado la  opción sagrada y el otro, el que mezclaba ambas labores por el bien de la familia, era casi mundano.

“Hay que tomar en cuenta que en los años 80 una gran cantidad de jóvenes dejó de estudiar porque el Señor ya venía, lo cual provocó que un considerable porcentaje de esa generación se quedara sin poder sacar una profesión … y el Señor no llegó. Creo que parte de ellos también contribuyeron posteriormente a ese apagón del avivamiento, quizá por resentimiento”, subrayó don Carlos.

Agregó otro aspecto, que al aparecer pastores con mucho entusiasmo espiritual, pero sin preparación académica, dirigiendo pequeñas iglesias que no ofrendaban mucho, comenzó a reflejarse una situación económica preocupante en sus familias.  Algo que provocó desesperación, porque muchos habían dejado muy ligeramente sus trabajos particulares.

No obstante, tenían que subsistir y buscaban que alguien los invitara a predicar en otras congregaciones para ayudarse un poco, lo cual reflejaba a veces cierta competencia.

 La otra opción, era buscar apoyo económico en otros ministerios que estaban en mejores condiciones, pero a veces se encontraban con una falta de sensibilidad humana entre ministros, donde ya poco importaba si alguien tenía alguna necesidad. Afectando esto, aquella linda armonía de la otrora Fraternidad de Ministerios de Costa Rica, que terminó reduciéndose a Pastores de San José.

Mencionó otro factor, que cuando se acabó el apoyo extranjero, hubo que generar recursos de donde se pudiera y aquí es donde cayó muy bien en algún sector de la Iglesia, el ingreso de la Teología de la Prosperidad, lo cual trajo como consecuencia, abusos en congregaciones, ministerios, negocios,  misiones y medios de comunicación.