Malísimas decisiones

Fernando Berrocal /Abogado y periodista/

El adjetivo con el que califico esta columna, igualmente podría ser “extrañas, injustificables, censurables, colaboracionistas” y otros más. Todos ellos ponen de ejemplo, una vez más, la forma irresponsable e inexplicable con que se enfrenta, en Costa Rica, el tema prioritario y esencial de la lucha contra el narcotráfico y su brutal secuela de corrupción, violencia y delincuencia:

1.-Por medio de un video, la ANEP denunció que la Policía de Control de Drogas (PCD), decidió por órdenes superiores del Ministerio de Seguridad Pública que, de las 7 de la noche a las 5 de la mañana, sus agentes no trabajarían en las misiones policiales que desarrollaban en los puertos, fronteras, aeropuertos, barrios, playas y otros lugares críticos de trasiego de drogas y en los que operan, de día y de noche, las mafias de narcotraficantes.

2.-En la Asamblea Legislativa, los Diputados de la Comisión Especial nombrada para investigar la gravísima penetración del crimen organizado y las mafias del narcotráfico en la Zona Sur, decidió terminar la investigación sin ningún informe en particular y dar por concluido su trabajo, después del monumental escándalo en el que se vieron envueltos políticos del cantón de Corredores y que, por existir en nuestro país libertad de prensa, pudo conocer la ciudadanía.

En el primer caso, se burocratiza a la PCD, como si su función por ley no fuera ser el cuerpo de policía especializado y con capacidad investigativa y represiva encargado de la lucha contra el narcotráfico, de día y de noche. Esto jamás hubiera sucedido en la época del Comisario Solano y con un ministro de Seguridad Pública comprometido y no burócrata.

En el segundo caso, el poder político se retira y los Diputados se declaran incapaces de asumir una posición firme y de lucha frontal contra una crisis, a nivel de pandemia en el frente de lucha contra la corrupción, la violencia criminal y la inseguridad ciudadana y nacional, que tiene postrado al país.

Estos señores saben bien que, según fuentes fidedignas y confiables, desde Colombia y Ecuador, por vía marítima y aérea ingresan por el Pacífico Norte y a la Zona Sur unas 900 toneladas de cocaína y que otras 900 toneladas llegan más allá, hasta las costas del Pacífico Central y Guanacaste o bien llegan directamente desde la isla de San Andrés a Limón y Tortuguero y que, desde estas regiones fronterizas y periféricas, se trasiegan hasta el Valle Central.

También saben bien que somos el primer país receptor, bodega y exportador de droga hacia México, Estados Unidos y Europa. Solo en exportaciones ilegales, camufladas entre piña, banano y vegetales, se exportan unas 500 toneladas. El resto sigue por tierra hacia el norte buscando los grandes mercados y una parte se queda aquí, como pago en especie, envenenando a nuestra juventud y generando criminalidad, corrupción e inseguridad ciudadana y nacional, como nunca antes en la historia de Costa Rica.

¿Será que quieren que seamos un país fallido?