“La pandemia oculta” el abuso y la explotación femenina

Puertas Abiertas /

Según las conclusiones de un informe reciente realizado por Puertas Abiertas, la Covid-19 está alimentando la sombra creciente de una pandemia oculta de violencia sexual, raptos y trata dirigida hacia mujeres y niñas cristianas de todo el mundo.

El informe, “Misma fe, distinta Persecución: Informe de 2021 de Puertas Abiertas sobre la persecución religiosa por razón de sexo”, publicado con vistas al Día Internacional de la Mujer, advierte que “la pandemia de la Covid-19 ha vuelto a los vulnerables aún más vulnerables. Durante el confinamiento, tienen que sufrir la oposición y a la persecución de sus propias familias y comunidades, hostiles a su fe”.

Por si fuera poco, gobiernos y milicias han aprovechado la situación actual provocada por la Covid-19 para “convertir el cuerpo de las mujeres en un arma con el fin de infligir daños en las comunidades cristianas minoritarias y restringir el crecimiento de la iglesia”.

El informe observa la naturaleza y el grado de “persecución religiosa por razón de sexo” hacia hombres y mujeres durante un período de 12 meses, entre octubre de 2019 y septiembre de 2020. Se concentra principalmente en los 50 países que conforman la Lista Mundial de la Persecución de Puertas Abiertas, países donde los cristianos hacen frente a la peor opresión y persecución.

Las principales conclusiones entre las mujeres son:
  • Un considerable aumento de los ataques violentos físicos y psicológicos (ocultos en su mayor parte) hacia las mujeres convertidas al cristianismo. Según el informe “el riesgo para las mujeres convertidas es aún mayor cuando son confinadas con sus familias ya que pueden ser atacadas por haber abandonado la religión familiar o de la comunidad para convertirse al cristianismo”.
  • Un aumento significativo de la trata de mujeres y niñas, siendo forzadas a casarse o a ser esclavas sexuales. Por ejemplo, en algunos países del Golfo “al haber menos gente en la calle debido a los confinamientos, mujeres y niñas se vuelven un objetivo más fácil y se dificulta aún más su rescate”.
  • Un incremento continuo de los informes sobre violaciones y otros tipos de violencia sexual. Un colaborador anónimo declaró contra la persecución en la República Centroafricana que “la violencia es un arma de persecución, una forma de hacer vulnerables a las mujeres cristianas y de traumatizar a la comunidad”.
Las principales conclusiones entre los hombres son:
  • Los hombres cristianos están sufriendo más violencia física extrema o incluso a la muerte. En particular, los líderes de la iglesia están en el punto de mira “para que otros cristianos vean un ejemplo del trato que pueden esperar”.
  • Asedio económico o encarcelamiento. Al limitarles la capacidad para proveer, toda la unidad familiar se vuelve más vulnerable.
  • Reclutamiento militar o en milicias. Se registra un aumento del 40% en los hombres que fueron obligados a alistarse en el ejército o en las milicias, obligados en contra de su voluntad.

Según el informe, aunque hombres y mujeres encaran diferentes tipos de presión, el objetivo siempre es el mismo.

La pura noción de familia es atacada implícitamente… Los perseguidores están aprovechándose con premeditación de lo que las comunidades religiosas consideran una institución sagrada y actos íntimos de relación. La violencia sexual y los matrimonios forzosos están convirtiendo el cuerpo de las mujeres en armas para restringir el crecimiento de la iglesia”.

Mientras que, para los hombres, “al despojarlos o limitarles su capacidad para proveer, las familias, ya de por sí dependientes, se debilitan y se quedan en una situación de vulnerabilidad que además avergüenza al hombre o al joven que es incapaz de hacerlo”.

Las razones de los que practican la persecución religiosa por razones de sexo varían de una región a otra. Acerca del tráfico y la esclavitud sexual:

  • En Medio Oriente, en el norte de África y en la zona subsahariana, grupos extremistas como Boko Haram utilizan el acoso sexual de menores por motivos ideológicos, los matrimonios forzosos y los secuestros como herramientas para islamizar a las niñas y a las mujeres jóvenes y mermar las ya afligidas comunidades cristianas.
  • En diferentes partes de Asia, las niñas de comunidades cristianas pobres son señaladas y víctimas de la trata con China para llevar a cabo matrimonios concertados, dado que el aborto selectivo por sexos ha reducido el número de mujeres jóvenes.
  • Las bandas criminales de Latinoamérica: “los líderes de los cárteles de drogas amenazan con asesinar a las familias cristianas si se niegan a entregarles a sus hijas”. Se trata de un medio para silenciar a las iglesias y a los líderes que desafían el control de estas bandas en sus aldeas.
Desmantelando la persecución: formas de avanzar

El informe señala dos acciones clave que consideran que pueden marcar una diferencia.

  1. Los actores de fe locales pueden disminuir el sufrimiento de los abusados. De acuerdo con los autores, las víctimas de persecución religiosa por razón de sexo pueden acarrear “un sentimiento permanente de vergüenza”. Iglesias y cristianos tienen que contrarrestarlo “al reforzar narrativas de fe que ayuden a hombres y mujeres a ver su verdadero e inmutable valor”.
  2. Gobiernos y legisladores tienen que reconocer el factor de la fe.La fe es una de las razones por las que una persona puede estar en el punto de mira en situaciones de conflicto, especialmente, si además se añade su sexo.

En relación con este segundo punto, Helene Fisher, coautora del informe, manifiesta que es hora de que se reconozca el factor de la fe. La raza y el sexo se reconocen como factores vulnerables en zonas de conflicto, pero, en general, no es así con la fe de una persona.

En el Día Internacional de la Mujer, necesitamos legisladores que entiendan la oposición a la que se enfrentan las mujeres cristianas alrededor del mundo, al tratar de practicar pacíficamente la fe que han elegido