Zora, el robot que cuida ancianos

Por Adam Stariano / Elian Peltier/ Dmitry Kostyukov/ New York Times /

Este es Zora. Quizá no parezca la gran cosa, recuerda más a un juguete lindo que una maravilla futurista, pero este robot es esencial para un experimento en Francia que tiene como objetivo cambiar el cuidado de los pacientes de la tercera edad.

Cuando Zora llegó al Hospital Jouarre, un hogar de ancianos ubicado a una hora de París, algo extraño comenzó a pasar: muchos pacientes sintieron un vínculo emocional con el robot y lo trataban como a un bebé. Lo cargaban, lo arrullaban y besaban su cabeza.

Zora, que tiene un costo de hasta 18.000 dólares, les ofrecía compañía en un lugar donde la vida puede ser solitaria. Las familias no pueden visitarlos mucho y los empleados tienen muchas cosas que hacer. Los pacientes del hospital tienen demencia y otros padecimientos que requieren cuidados las veinticuatro horas del día.

El robot es controlado por un enfermero en el hospital que lo maneja desde un ordenador portátil. El enfermero a menudo procura no estar a la vista para que los pacientes no sepan que él lo controla.

Zora durante una sesión de terapia grupal en el Hospital Jouarre, en las afueras de París, el 30 de agosto de 2018CreditDmitry Kostyukov para The New York Times.

Zora dirige sesiones de ejercicio y propone juegos. Puede sostener una conversación porque el enfermero teclea palabras en un ordenador portátil que el robot pronuncia después. Algunos pacientes se refieren a Zora como “ella”, otros como “él”.

La robótica aún tiene un largo camino por recorrer antes de que haya una posibilidad realista de tener una enfermera humanoide.

Zora no proporciona medicamentos ni toma la presión sanguínea ni cambia las sábanas. En Jouarre, algunos lo consideraron como una herramienta superflua que solo “mantiene ocupados a los pacientes”, según Sophie Riffault, una enfermera.

Otra, Nathalie Racine, dijo que no dejaría que un robot alimentara a los pacientes aunque pudiera. Los humanos no deben delegar momentos tan íntimos a las máquinas. “Nada remplazará el roce humano jamás, la calidez que nuestros pacientes necesitan”, comentó.

La experiencia en Jouarre proporciona un panorama del futuro, cuando dependamos más de los robots que ayuden a cuidar a nuestros seres queridos mientras envejecen.

Una de las pacientes caminaba junto al robot en las instalaciones del hospital. CreditDmitry Kostyukov para The New York Times.

ZoraBots, la empresa con sede en Bélgica que fabrica el robot usado en Jouarre, dice que ha vendido más de mil unidades a los centros de cuidados en todo el mundo, ubicados tanto en Estados Unidos y Asia como en el Medio Oriente. Es parte de un énfasis creciente en la robótica enfocada al cuidado de personas. Un perro robot fabricado por Sony se ha publicitado como un acompañante para los adultos de la tercera edad.

“Necesitamos ayudar con la soledad”, dijo Tommy Deblieck, codirector ejecutivo de ZoraBots. Darles a los robots más responsabilidad para que cuiden a la gente en la última fase de su vida quizá parezca una posibilidad distópica, pero muchos consideran que es inevitable.

Casi en todos los países, la población de ancianos está aumentando. El número de gente mayor de 60 años será más del doble, hasta alcanzar los 2100 millones de personas para el año 2050, según las Naciones Unidas.

Las cifras señalan una brecha emergente. Simplemente no habrá suficientes personas que cubran los empleos de atención a la salud que se necesitarán. Quienes proponen alternativas argumentan que debe crearse nueva tecnología para ayudar a llenar el vacío.

El desafío es particularmente difícil en Francia, donde los hospitales enfrentan una crisis nacional pues los profesionales de la atención médica han organizado huelgas y se han manifestado en contra de los recortes presupuestales y la escasez de empleados. Un aumento en el número de suicidios de enfermeros y médicos ha acaparado los titulares en todo el país, y el ministro de Salud francés reconoció que “se le estaba acabando el combustible” al sistema hospitalario.

A muchos pacientes les gusta jugar con Zora. CreditDmitry Kostyukov para The New York Times.

El reto será crear máquinas capaces de hacer trabajos más complejos. Es muy distinto mejorar el humor de un paciente con una canción que proporcionar atención médica. El hospital francés, que trajo al robot con la ayuda de una donación caritativa, saca a Zora solo unas cuantas veces al mes.

En Australia, un hospital que usa un robot Zora estudió los efectos que tiene en los pacientes y los empleados. Los investigadores hallaron que mejoraba el humor de algunos pacientes y hacía que participaran más en las actividades, pero que requería de mucho soporte técnico.

La experiencia de los empleados del hospital francés ha sido similar. Algunos se han mostrado sorprendidos por lo mucho que se han encariñado los pacientes con el robot. Mickaël Feret, un enfermero, dijo que algunos pacientes se ponen celosos de otros porque pasan más tiempo con Zora.

Los pacientes le han dicho cosas al robot acerca de su salud que no comparten con los médicos. Una mujer que tenía hematomas en los brazos no les había dicho a los empleados del hospital qué había pasado, pero le confesó a Zora que se había caído de la cama mientras dormía.

“Nos da un poco de alegría en este lugar”, dice Marlène Simon, de 70 años, que se sometió a una traqueotomía y ha estado en el hospital durante más de un año. “La amamos y la extraño cuando no está. De hecho, pienso en ella muy a menudo”.

Cuando visitamos Jouarre en agosto pasado, había sido un largo día para Zora.

La máquina visitó a los pacientes de manera individual por la mañana y después ayudó con los ejercicios en grupos y otras actividades durante la tarde.

Al final lo metieron en un pequeño maletín donde vive de noche, dentro de un armario en la oficina del secretario. Ya se le había acabado la batería.

CreditDmitry Kostyukov para The New York Times.