La izquierda mexicana que guarda silencio

Jacobo García / El País / España /

Hace algunas semanas, los estudiantes de una universidad de Monterrey sometieron a los candidatos a varias preguntas rápidas. Un ejercicio de concreción electoral, en el que debían responder con una sola palabra a los temas que les inquietaban: Drogas, aborto, uniones homosexuales…

Después de cinco meses en campaña- y a un mes de las elecciones- el hombre que lidera las encuestas ha hablado de empresarios, indígenas, migrantes, el Tratado de Libre Comercio, el abandono del campo o el aeropuerto, pero ha logrado llegar a la recta final sin posicionarse sobre ninguno de estos temas.

Aunque una gran parte de la izquierda respalda su llegada al poder a pesar del silencio, académicos, activistas y defensores de los Derechos Humanos están atrapados entre exigir a Obrador que incluya sus demandas o ser señalados de traidores por frenar la posibilidad más real que ha tenido nunca de alcanzar la presidencia. Lo que para muchos es un alarde democrático, la “consulta ciudadana”, para otros es una respuesta demagógica al someter a votación derechos fundamentales.

“Es la primera elección en mucho tiempo en que ningún candidato ha dicho nada sobre aborto o matrimonio igualitario y es increíble que la sociedad no se lo exija con más fuerza. Hemos vuelto al silencio de los años setenta y ochenta sobre estos temas. En todo el mundo esto ayuda a identificar si un partido es de izquierdas o de derechas pero ahora se omite por cálculo político”, dice Regina Tamés, directora del GIRE, un centro de estudios sobre el aborto creado hace más de 20 años para posicionarlo como asunto de interés público.

Sin embargo, para Tamés este silencio es intencional: “No hablar de algunos temas es también una postura y ahora sabemos que no son relevantes para Obrador (…) aunque esto suponga abandonar banderas tradicionales de la izquierda”, critica. “Andrés Manuel se llena la boca hablando de los pobres y no es capaz de ver que, entre las mujeres, el 51% de la población la pobreza tiene que ver con embarazos no deseados”.

La posible victoria electoral de Obrador, estará respaldada por el partido evangélico Encuentro Social (PES) con quien se presenta en coalición. Este peculiar matrimonio electoral indignó a sectores de la izquierda tradicional y provocó el distanciamiento con su gran amiga Elena Poniatowska el día que se anunció.

Según las encuestas, el PES podría aportar dos millones de votos de los 18 que podría lograr en las elecciones del 1 de julio. Tras Obrador estarían el aspirante conservador Ricardo Anaya y José Antonio Meade, del PRI, según estos mismos sondeos.

“En este momento, cualquiera que critique con el pétalo de una rosa a Obrador, nos convierte en la ‘mafia del poder”, dice el actor Tito Vasconcelos, sobre la satanización que rodea las crítica al tabasqueño.

“El panorama es desolador para los homosexuales, votemos por quien votemos lo estaremos haciendo en contra de nuestros derechos. No hay entre los candidatos ninguna palabra o empatía sobre el tema”. Ante la posibilidad de que el matrimonio homosexual sea sometido a consulta, Vasconcelos y Tamés coinciden en que “los Derechos Humanos no pueden someterse a votación”.

El silencio también rodea a quienes exigen la legalización de drogas blandas. En un contexto de violencia generalizado en el país, que bate cifras récord, y mientras en Estados Unidos hay cada vez hay más estados que aprueban su legalización, cada vez hay más voces con propuestas para frenar una sangría que en México deja cadáveres y en EE. UU. millones de dólares vía impuestos.

“Ya hay 20 estados en EE. UU. donde se aprobó el uso medicinal o recreativo de la marihuana y ni siquiera Trump ha tratado de frenar este avance. Pero en México hay una izquierda que se encuentra en una fascinación complaciente con López Obrador y es incapaz de hacer una crítica”, dice Carlos Martínez Rentería, editor de la revista cáñamo en Mexico y columnista del diario La Jornada. Para Rentería, en el caso de la marihuana, la consulta ya se ha hecho “Y a primerísimo nivel entre médicos, científicos y sociólogos”.

Actualmente el matrimonio homosexual y el aborto son legislados en el código civil de cada Estado, mientras que la legalización de drogas es competencia federal. La Ciudad de México es la punta de lanza de las políticas más progresista y son reconocidos como derechos respaldados por la suprema Corte y la Comisión de Derechos Humanos.

Sin embargo, parte de la izquierda teme un retroceso en derechos adquiridos y la expansión de la agenda conservadora de los evangélicos más allá de los centros de poder en la capital. Según los sondeos, el PES logrará entre 50 y 70 diputados y unos cinco senadores y obtendría la gobernatura de Morelos y 100 alcaldías, lo que lo convertiría en el cuarto partido político más grande de México.

“Entiendo el concepto de Obrador sobre la importancia de cambiar de régimen, pero ignora que el país está también ocupado por mujeres. Solo se ha mencionado a la mujer durante el primer debate y fue para hablar de penas y feminicidios. Eso fue todo”, reprocha Tamés.

“No somos de la ‘mafia del poder’ ni deseamos una victoria del PRI pero sí tenemos derecho a ser críticos con López Obrador, aunque pensemos que es la opción menos mala para ganar las elecciones. “Vivimos un gran retroceso en avances democráticas, civilidad y Derechos Humanos”, concluye Rentería.