Israel reelige a Netanyahu, pero queda dividida

Jonatán Soriano/ Protestante Digital/

Algo ha cambiado en Israel después de las elecciones parlamentarias de este martes. Probablemente Benjamin Netanyahu siga siendo primer ministro gracias a un pacto más que previsible entre las fuerzas conservadoras del Knesset, el parlamento israelí. Sin embargo, su lista, el Likud, ha dejado de ser la formación más votada, a pesar de conseguir cinco escaños más que en los últimos comicios, para compartir número de diputados obtenidos (35) con la coalición de centro Azul y Blanco, de Benny Gantz. 

De esta manera, Netanyahu ya ha anunciado la formación de un gobierno apoyado por fuerzas como la Shas, la Asociación Internacional de los Sefardíes Observantes de la Torá, que ha obtenido 8 escaños, o el Yahadut Hatora Hameuhedet (Judaísmo Unido de la Torá), también con ocho diputados, entre otros partidos. En total, los cálculos que permite el 98% del escrutinio son de 65 escaños para el bloque de derechas y de 55 para el centroizquierda. 

“Ha sido un triunfo magnífico, que ha sobrepasado nuestra imaginación”, ha señalado Netanyahu después de conocer los resultados. Sin embargo, ¿qué escenario nacional se plantea a partir de ahora?  

Victoria rotunda, pero con fecha de caducidad

Desde Israel, el profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Arie Kacowicz, ha asegurado a Protestante Digital que “Netanyahu puede celebrar una rotunda victoria al subir los escaños del Likud en el Knesset de 30 a 35”. Pero Kacowicz también alerta del peso de las acusaciones de corrupción por parte de la fiscalía general contra el primer ministro, que puede ser imputado próximamente, y se atreve a avanzar que hay posibilidades de que no acabe el año al frente del gobierno. “Su intención va a ser formar una coalición que le permita proclamar una ley que le de inmunidad parlamentaria, pero no es seguro que esa maniobra tenga éxito, porque de hecho el fiscal del estado ha decidido procesarlo supeditado a audiencia”, afirma el profesor.

El candidato centrista, Benny Gantz, en un acto durante esta campaña electoral.

Como ciudadano israelí, también, Kacowicz lamenta que estas elecciones “no han sido estratégicas en el sentido que no se han barajado temas fundamentales ni en economía, ni en política exterior, ni en referencia directa al conflicto [palestino]”. Algo que quizás se ha visto reflejado en el descenso de la participación respecto a 2015, cuando alcanzó entre el 685 y el 72% mientras que en esta ocasión ha sido del 61%.   

Promesas acerca de los assentamientos judíos

 Una de las principales promesas de Netanyahu durante la campaña ha sido la de aplicar la legislación israelí a los asentamientos judíos en territorio palestino. “Fue una maniobra hábil para tragarse a los votantes de la extrema derecha”, asegura Kacowicz. Y así ha sido. Los cinco escaños de más obtenidos por el Likud provienen de Derecha Unida y de Israel Beitenu (Israel, Nuestro Hogar). Ambas formaciones ubicados en el lado derecho del espectro político.  “No creo que Netanyahu lo haga porque está Trump y su ‘deal of the century’ (el plan de paz para el conflicto entre Israel y Palestina) para evitarlo. La pregunta es cuál será la exigencia de la extrema derecha al respecto”, señala Kacowicz.   

¿Es Israel un país de derechas?

La estrepitosa caída del Partido Laborista, que ha pasado de obtener 24 escaños en 2015, y en coalición con Hatnuah, a conseguir tan sólo seis diputados, pone de manifiesto la crisis existencial en la que permanece sumida desde hace tiempo la socialdemocracia israelí. Esta caída, según Kacowicz, “no empezó con la hábil campana de Netanyahu en los últimos diez anos de deslegitimar a la izquierda”. “Las raíces se remontan al fracaso de la conferencia de Camp David en 2000, la segunda intifada, y el discurso del ex-primer ministro Ehud Barak, que consideraba que ‘no hay con quien hablar’. Eso explica la reticencia y el giro a la derecha de una gran parte del electorado israelí”, defiende el profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén. 

Según Kacowicz, una parte del electorado sigue apostando por las opciones conservadoras “debido precisamente al aferro al status quo”. “Es indudable que Netanyahu es un político brillante, pero no necesariamente un estadista y la historia no lo juzgará tan bien. Los indices macroeconómicos del país andan muy bien. Israel se ha abierto al mundo, se ha establecido una alianza quizás demasiado estrecha con Trump, también con Putin, pero a la larga el primer ministro ha jugado al status quo. No quiere hacer guerras (en Gaza) pero tampoco quiere hacer la paz (con los palestinos en general, y Abu Mazen en particular). Una buena parte del electorado israelí cree que Netanyahu es irremplazable, y eso explica su reelección, a pesar de los cargos de corrupción”, asevera el profesor. 

A pesar de que el escenario de la formación de un gobierno conservador parece el más probable, la falta de estabilidad que puede suponer el proceso judicial contra Netanyahu hace pensar a Kacowicz que, quizás, “el presidente israelí, Reuven Rivlin, inste al primer ministro a formar un gobierno de unidad nacional con el partido Azul y Blanco”, empatado con su Likud en número de escaños.