Guardados y resguardados

Lcda. Gloria Navas /

La peste faraónica del coronavirus, COVID-19 nos llegó en verdad como COVID-20.  Nos mandó a todos “pa’ la casa” este año y hemos comenzado ya el segundo mes de encierro con posibilidades de extenderse. 

Todos pendientes de las 12:40 P.M. para ver qué nos dicen las autoridades, cuántos contagiados, cuántos enfermos, cuántos en cuidados intensivos, cuántos nuevos casos y cuántos han fallecido, cuando llegan las máscaras protectoras, los respiradores y..¡ aun sin vacuna, ni remedio, ni cura! 

La pandemia sigue haciendo de las suyas en el mundo.  La tragedia nos inundó, el desempleo y la pobreza se vislumbran in crescendo, el alimento escasea y el Lysol agotado.

Creo que es tiempo de mirar hacia arriba.  El Señor Jesús nos dijo que fijáramos nuestra mirada en las cosas de arriba y no en las de la tierra. 

Pero nosotros seguimos viendo “pal techo”, no para el cielo, con los ojos clavados en la tele y las noticias, en lugar de ver las señales de los tiempos y la transformación que sufriremos. 

Será como un cielo nuevo y una tierra nueva.  Tendremos que reinventarnos o pereceremos en medio de la vorágine tormentosa de un virus invisible pero mortal.

Empero, no todo es malo.  Ese encierro nos ha transformado aun en las cosas pequeñas y cotidianas.  

En vez de salir corriendo porque nos topamos con la restricción vehicular, mantenemos un diálogo con nuestros seres queridos.  Hay tertulia, forzada o no, pero la hay.

Tenemos comunicación con los hijos y los nietos, con el cónyuge.  Hemos tenido que bajar la velocidad, lavar trastos y ropa, cocinar y medio trabajar, si es que lo podemos hacer desde nuestros hogares.

Comemos más, pero gastamos menos, porque no debemos de lanzarnos a las calles, sino procurar la obediencia a las autoridades de salud.

Y lo fundamental, nos hemos arrodillado y hemos clamado al cielo pidiendo perdón y misericordia.  Hemos vuelto a los tiempos del nacimiento de la iglesia cristiana, descrita en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuando Dios hizo que diéramos un giro de 180 grados en la cultura de la época hasta llegar a nuestros tiempos.  

Ellos presenciaron la resurrección de Cristo, lo vieron caminar por la tierra y ascender a los cielos dejándoles el mensaje que hemos heredado de evangelizar. 

Ellos recibieron el bautismo en fuego del Espíritu Santo, hacían grandes señales y maravillas y se mantenían juntos. 

Tenían en común todas las cosas, vendían sus propiedades y sus bienes y las repartían a todos, según la necesidad de cada uno. 

“Perseveraban cada día en el Templo, partían el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.” 

Esta prueba nos ha puesto a pensar en el necesitado, en el enfermo, en el pobre y a actuar con eficiencia para llevar la paz de Dios a muchos.  Dice la Escritura (Hechos 2:43-47), que alababan a Dios y el Señor añadía cada día a más personas que querían ser salvos. 

Volvamos nuestros ojos hacia esa Iglesia.  Hagamos como ellos hacían bajo el Nuevo Pacto, por el que hemos sido adoptados hijos de Dios. No hay que tener ningún miedo porque su Sangre nos cubre y su Amor perfecto hecha fuera todo temor. 

El Autor de vida resucitó. En esta cuarentena hemos celebrado la apertura de Su Trono de Gracia. 

Gracias Señor por la prueba. Saldremos más blancos que la lana. Eres nuestro Pastor.  Nosotros tus ovejas. Amén.

(Los comentarios y opiniones, son propios de las personas que los escriben y no necesariamente corresponden al pensamiento de este medio).