Fe cristiana y orgullo gay

Fieles en un mundo pluralista

Dr. Guillermo Flores / Profesor de teología y cultura contemporánea /

  El propósito de este artículo es ofrecer algunos lineamientos preliminares que podrían servir de base para la interacción cristiana con el movimiento gay y otras corrientes seculares contemporáneas. Además, presentará al profeta Daniel como modelo para vivir con fidelidad e integridad nuestra identidad cristiana en medio de un contexto secular y, algunas veces, anti-cristiano. Estaré usando la palabra cristiano en su sentido general.

Tengo claro que no todos/as quienes nos identificamos como cristianos/as comprometidos o culturales compartirán mis enfoques, pero sirva este artículo para aportar ideas y sabiduría (espero) a la conversación.

 En 1997 estaba en el área de la Universidad de Berkeley, haciendo unos estudios teológicos. El seminario teológico donde hacía mi maestría en divinidades en Chicago tenía acuerdos académicos e intercambio de estudiantes con la facultad teológica en esta área.

Un domingo tomé el tren de Berkeley con parada en Oakland rumbo a San Francisco para ir a predicar a dos congregaciones hispanas. El tren iba completamente lleno de personas vestidas de rosado (hombres y mujeres) y mostraban otros símbolos y colores del orgullo gay. En el vagón donde yo iba, sólo tres personas lucíamos, por nuestro vestuario, diferentes al resto del grupo. Cuando llegué a la iglesia donde iba a predicar el pastor me contó que ese domingo era el desfile gay en San Francisco.

 En aquel tiempo, aquella experiencia me pareció extraña, pero me dije “estoy en el área de Berkeley y en las calles de San Francisco donde fue el epicentro del movimiento Hippie de los años 60s.” Jamás imaginé que aquella escena se repetiría en otras ciudades incluyendo la capital de mi propio país (San José, Costa Rica). Aunque yo nací en un hogar evangélico, mi país es de profundas raíces católicas con cuya fe compartimos similares valores morales y definiciones sobre el significado del matrimonio.

Mientras el pastor me llevaba en su carro de regreso a la facultad de teología en Berkeley, en mi diálogo interior me decía “esto que vi hoy jamás ocurrirá en mi país.” Sin embargo, la historia ha demostrado que algo radicalmente diferente ha ocurrido en la cultura de los países de mayoría protestante (como Estados Unidos, Inglaterra, Holanda, Noruega, etc.) y en los países católicos.

Este artículo lo escribo con una mezcla de profundo dolor, lágrimas y reconocimiento. Dolor y lágrimas porque ¿Qué nos ha pasado como personas, familias y sociedad occidental cristiana? ¿Qué no hicimos bien con las nuevas generaciones que debimos hacer?

Dolor y lágrimas al ver a un sector del mundo y a algunas personas que Dios hizo y ama que le han dado la espalda a su creador. Reconocimiento por cuanto tengo que caer en la cuenta que este mundo nuestro es otro mundo. No el mundo en el que nací y crecí. Reconocimiento porque tampoco como cristianos debemos reaccionar con odio o intolerancia. Reconocimiento porque, aunque no comparto sus preferencias sexuales, tengo que reconocer sus derechos a vivir ese estilo de vida.

El discurso religioso de orientación fundamentalista propondría que no hay manera de tolerar o aceptar las conductas homosexuales o de sexo fluido. Argumentaría que tampoco se debe procurar legislación que garantice sus derechos. En el otro extremo, están los sectores religiosos que no ven ninguna incompatibilidad entre las alternativas de vida gay con la fe cristiana.

Mi posición es una que afirma la definición bíblica que el matrimonio es entre un hombre y una mujer. Que todo tipo de relación homosexual está fuera del diseño divino. Al mismo tiempo, considerando que Dios mismo ha dado libertad de escogencia a los seres humanos, muchas veces sus criaturas eligen estilos de vida incompatibles con la voluntad de su Creador.

Cuando esto último ocurre, como cristiano no comparto sus creencias ni su estilo de vida, pero respeto la libertad que los demás tienen para escoger la forma como quieren vivir. Cuando un grupo humano ha decidido vivir en una forma diferente, como sociedad debemos hacer espacio para garantizar sus derechos humanos. Las declaraciones hechas en este párrafo creo que honran el espíritu de las enseñanzas bíblicas. Lo dicho aquí es el punto de partida para las reflexiones que siguen.

Lo que no debemos hacer

No debemos promover odio ni intolerancia. No debemos usar lenguaje peyorativo o denigrante. No debemos perseguir a nadie que piense diferente. No debemos negar los derechos humanos de quienes son diferente a nosotros. Durante los primeros cinco siglos del cristianismo se marginó, persiguió y encarceló a los herejes que tenían puntos de vista similares y diferentes sobre Cristo, la Trinidad o las Sagradas Escrituras.

Durante los siglos de la “Santa Inquisición” se persiguió, juzgó, torturó y condenó a quienes pensaban diferente a la iglesia católica romana. Bajo presión de los protestantes puritanos las “brujas de Salem” en Massachusetts, alrededor de 1692, fueron calumniadas, torturadas y llevadas a la horca por los/as “cristianos piadosos/as”.

Libros fueron puestos en listas negras que era prohibido leer bajo la inquisición católica. Todo esto condujo a horribles pecados de odio y brutalidad en nombre de la ortodoxia cristiana. La intransigencia religiosa, el dogmatismo y el cerrarse a otras maneras de pensar hizo que países como España quedaran rezagados en el avance científico por siglos. No queremos repetir esos patrones de dogmatismo ni de violencia en nombre de Dios.

 Lo que sí debemos hacer

  Debemos hacer espacio como sociedad para garantizar los derechos humanos de todos los ciudadanos. Debemos ser claros que reconocer la libertad de pensamiento y otros estilos de vida no es lo mismo que compartir o abrazar esas preferencias. Tenemos que estar claros en nuestra definición que el matrimonio es entre una mujer y un hombre.

Que toda relación homosexual está fuera de la intención divina. Es necesario desmontar con argumentos científicos y teológicos sólidos el discurso ficcioso del movimiento gay que dice que el sexo es una construcción social y no algo biológico o genéticamente predeterminado.

Urge crear equipos de especialistas en leyes, medicina, psiquiatría, sociología, teología y en otras disciplinas para que asistan a las instituciones eclesiásticas a la hora de hacer declaraciones públicas sobre este tema, para opinar de manera informada e inteligente sobre legislación relacionada con derechos humanos y para ofrecer respuestas alternativas a la propaganda masiva de la agenda gay intencionalmente dirigida o porque dicha narrativa ya se ha instalado en el fluir de la cultura contemporánea.

Necesitamos una nueva catequesis o libros de discipulado para instruir a las nuevas generaciones y a los nuevos convertidos sobre una postura cristiana sobre estos temas, pero sin intolerancia y sin sembrar odio. Para decir la verdad de nuestra fe y de nuestros valores cristianos no tenemos que crear hostilidad hacia otros/as. La lucha debe mantenerse como una batalla de ideas, no de agresividad física u homofóbica. El movimiento que logre dominar el territorio de la mente (ideas) podrá influir y cambiar a esa sociedad.

Como cristianos debemos aprender a vivir en un mundo diverso y pluralista. La era cuando todos pensábamos como cristianos en las formas tradicionales ya pasó. Necesitamos un proceso de reentrenar nuestra mente y actitudes hacia personas o grupos con modos diferentes de pensar y actuar. Esta re-educación (que no significa aceptación) es necesaria para poder vivir en paz (dentro de las diferencias) bajo el único techo global que tenemos: nuestro mundo, nuestras ciudades, escuelas, iglesias, hogares, etc. Bajo este techo social y cultural en el pasado sólo la música cristiana en sus diferentes comuniones se escuchaba (entiéndase por música, discurso cristiano).

Ahora, ese techo tenemos que compartirlo con otros/as quienes tocan otro tipo de música y danzan con otros ritmos y tiempos morales o con otras cosmovisiones. En una sociedad cristiana y democrática todos tienen derecho a oír su música.

Para eso es necesario que los cristianos aprendemos a vivir en un mundo pluralista y diverso que ya no piensa ni vive como nosotros, pero son nuestros vecinos, compañeros/as de universidad, de trabajo o, algunas veces, un familiar cercano.

Es necesario un reentrenamiento para no repetir patrones machistas de relaciones con las mujeres. Educar a los hombres a cultivar relaciones de auténtica igualdad en todo con la esposa y con todas las mujeres. La solución no es ni “afeminar a los hombres ni desprincesar a las mujeres” sino practicar verdaderas relaciones de igualdad y de apoyo mutuo entre hombres y mujeres.

Sobre todo, necesitamos un nuevo avivamiento del Reino de Dios. Un nuevo mover del Espíritu Santo en nuestras vidas y congregaciones que nos sacuda y saque del conformismo religioso y active un nuevo movimiento de conversiones masivas y de transformación social.

Mi recomendación no es por una actitud simplemente defensiva y reactiva a las corrientes contemporáneas anti-cristianas. Mi recomendación es por recuperar el ímpetu evangelístico, la pasión por plantar nuevas iglesias y el lanzamiento de alternativas para mejorar la calidad de vida de todos los habitantes.

El profeta Daniel como paradigma de fidelidad, viviendo en un ambiente pagano

1- Daniel se dio cuenta que ya no vivía en el contexto ideal del pasado. Los ejércitos de Nabucodonosor en el año 587 antes de Cristo habían destruido la ciudad de Jerusalén y el templo de Dios. Estaba desterrado a 600 millas de Jerusalén en Babilonia. No podía vivir de la nostalgia de un mundo físico y espiritual que se había derrumbado.

El proyecto cristiano tradicional occidental se ha estado derrumbando. Ese cristianismo tradicional católico o protestante ha dejado de ser relevante para las nuevas generaciones en muchos contextos geográficos. Esto no quiere decir que el cristianismo está desapareciendo. Todo lo contrario, hoy está más fuerte que nunca. Pero si quiere decir que necesitamos, como Daniel, ser conscientes de la nueva realidad pagana dentro de la que vivimos.

Esto nos debe retar a construir un nuevo proyecto cristiano fiel a Cristo y que sea vibrante y respuesta de Dios para el presente.

2-Daniel resistió la asimilación y el lavado cerebral intelectual y cultural al que estaba siendo sometido. Daniel y sus amigos fueron puestos en un programa de tres años de lavado cerebral donde “…se les enseñase las letras y la lengua de los caldeos” (Daniel 1:4).

El sistema quería instalarles en sus cerebros un nuevo chip (programa) que incluía aplicaciones nuevas para dar culto a la estatua de Nabucodonosor y adorar a todos los ídolos babilónicos. Incluía una reprogramación para que adoptaran la mentalidad esclavista, de brutalidad y dominio del imperio.

Hoy la presión de la cultura pagana contemporánea está tratando de reprogramar la mente de nuestras nuevas generaciones por medio de música, modas, libros de texto, teorías en las universidades y legislación para que empiecen a ver como normal lo que no lo es. Necesitamos reactivar los campamentos de jóvenes cristianos, retiros, centros de pensamiento cristiano y programas laicos de formación cristiana. Yo soy fruto de una generación que se interesó en desarrollar programas dinámicos para la juventud de manera que lo que el mundo ofrecía no nos parecía nada atractivo porque lo nuestro era mejor.

3-Daniel era un joven de convicciones firmes y claras. Daniel 1:8 dice que “Daniel propuso en su corazón no contaminarse…” A pesar de la presión social, Daniel era un joven determinado y claro en los asuntos de su fe de modo que no negociaba sus principios morales y creencias espirituales fundamentales.

Hoy necesitamos formar a nuestras nuevas generaciones con este tipo de perfil espiritual. Jóvenes claros en sus creencias y valores en medio de una sociedad que los presiona. Necesitamos ofrecerles seminarios y conferencias sobre la relevancia contemporánea de las Sagradas Escrituras, sobre Cristo y sobre la relación entre la fe y la ciencia.

Necesitamos hablar con ellos y ellas desde una perspectiva cristiana fiel, pero actualizada de los temas que escuchan en el colegio y en la universidad: medio ambiente, derechos humanos, diversidad, etc.

4-Daniel y sus tres amigos testificaban de Dios por medio de ser jóvenes de una excelencia superior. Daniel 1:20 cuenta que “En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.” Estos jóvenes eran de una inteligencia superior a la competencia.

En contextos seculares y neo-paganos la mejor manera de mostrar a Cristo es por medio de nuestra calidad de vida. Por medio de la excelencia profesional e intelectual. La mediocridad no es compatible con el hecho que somos portadores/as de la imagen de Dios.

5-Daniel estuvo dispuesto a ser contra-cultural cuando la situación lo requirió. El relato de Daniel 3:11 informa que el que “…no se postre y adore [la estatua de Nabucodonosor], sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.”

Daniel no se postró y fue lanzado al horno de fuego. Bajo ciertas circunstancias, como cristianos/as, tenemos que tener el valor de ser contra-culturales. De ir contra la corriente o ideas de moda. Esto implica perder algunas amistades, algunos trabajos u oportunidades o hasta ser encarcelados por causa de nuestra fe y valores cristianos.

6-Finalmente, a Daniel le fue mostrado que los reinos e ídolos de este mundo son relativos, vacíos y frágiles, aunque a primera vista luzcan intimidantes. Tal como Daniel lo había dicho “En la misma hora se cumplió la palabra sobre Nabucodonosor, y fue echado de entre los hombres; y comía hierba como los bueyes, y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo, hasta que su pelo creció como plumas de águila, y sus uñas como las de las aves” (Daniel 4:33).

El mismo rey que había puesto a Daniel en el horno de fuego y en el foso de los leones ahora está convertido en una bestia que come pasto, le crece pelo y plumas. El enfoque del texto no es hablar mal de los animales. Es un milagro y una metáfora que comunica una verdad profunda y potente: los reinos de este mundo, su pompa, sus modas, ideas, estructuras, poderes e ideologías parecen fuertes e intimidantes, pero, no teman, al final del día se desplomarán y fracasarán.

Daniel, el humilde hijo de la cautividad judía en Babilonia, pagó el precio de su fidelidad a Dios y Dios le mostró que no vale la pena negociar su fe con las ideologías de turno ni con los ídolos de este mundo. Babilonia se levantó y cayó.

El imperio romano gobernó al mundo y desapareció. La Alemania nazi se glorió de su poder y dejó de existir. Las ideologías marxistas-comunistas-ateas se propusieron conquistar al mundo y fracasaron. A través de las edades la iglesia fiel ha sufrido, pero hoy es el movimiento más grande a nivel planetario. Y, contario a la propaganda anti-cristiana, el cristianismo se fortalece y saldrá más fortalecido, potente y reinventado de los ataques anti-cristianos contemporáneos.

Nabucodonosor convertido en un animal nos dice que no debemos doblar nuestras rodillas ante los dioses de este mundo. Que debemos relativizar la soberbia de la educación, el intelectualismo o el poder político. Que los poderes de este mundo no tienen la última palabra.

Ni Hollywood, ni el machismo, ni el feminismo ultra-radical, ni el movimiento gay, ni la ciencia, ni la tecnología, ni el ateísmo, ni el fundamentalismo cristiano, ni el consumismo, ni el capitalismo o racismo…no tienen la última palabra.

El pasaje que comento nos informa que toda la creación existe para amar a Dios y al prójimo. La visión de Daniel dice que “en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido, ni será el reino dejado a otro pueblo; desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre (Daniel 2:44).

Por medio de este pasaje el creyente está informado/a del final del drama de la historia. A causa de esto servimos a todos/as. Trabajamos por un mundo mejor. Relativizamos a los poderes. Si están para amar a Dios y servir al prójimo son un don valioso. Si no existen para esa causa son espurios y nocivos. Sobre todo, no tememos. Pagamos el precio. Somos fieles y constructivos. Sabemos que la victoria está garantizada.

 Conclusiones

El modo de interactuar con las agendas ideológicas anti-cristianas de hoy no es con la espada, no es persiguiendo ni encarcelando a quienes piensan diferente a nosotros. Es decir, no es con odio ni intolerancia. La manera de tratar a estas corrientes y a sus representantes es con amor y servicio. Es con rigor intelectual.

Con capacidad de desmantelar sus ficciones, falacias e inconsistencias de sus argumentos. Es cultivando congregaciones que sean centros de gracia y restauración donde si alguien está luchando con inclinaciones homosexuales encuentre apoyo y confianza para ser amado/a y para ser guiado/a en un proceso de transformación.

La forma de interactuar con la agenda gay es practicando una comunicación asertiva. Debemos oirles. Hay aspectos de machismo y de injusticias instalados en las estructuras sociales y cristianas que estas voces nos están haciendo oír.

Por otro lado, esta comunicación asertiva requiere que seamos claros y firmes en nuestras convicciones y valores. Cuando tenemos claras nuestras convicciones podemos dialogar con las otras corrientes de pensamiento sobre quiénes somos, qué creemos y qué proponemos fieles a nuestra identidad e integridad cristiana.

Empecé diciendo que “escribo este artículo con dolor y lágrimas.” Termino mi comentario con fe. Con esperanza. Porque Cristo y su evangelio son completamente relevantes para el mundo de hoy. Cristo y su mensaje de perdón, salvación, transformación, justicia social y servicio hacen perfecto sentido para la cultura de hoy. Un cristianismo de servicio, profético, de empoderamiento de los más frágiles de la sociedad y con una visión integral del evangelio es lo que necesita este mundo.

El llamado es a ser fieles a nuestra identidad y misión cristiana mientras navegamos en el contexto de una cultura secular, pluralista y, en algunos aspectos, anti-cristiana. No tememos. Servimos. Poseemos una reserva espiritual-integral que este mundo necesita.

Somos un don de Dios para este mundo. Por Daniel sabemos el desenlace del drama de la historia humana y cósmica. Seamos fieles y sirvamos a todos/as mientras llega la consumación plena del Reino de Dios.