Evangélicos en Brasil: un fenómeno imparable que suma vínculos con el poder y transforma la política y la cultura

Guido Nejamkis /

El movimiento cuadruplicó sus fieles en los últimos 40 años. Elige presidentes y extiende su presencia en todos los poderes del estado. El papel que juega Jair Bolsonaro.

Eligen presidentes, extienden su presencia por todos los poderes del Estado, dirigen empresas, tratan enfermos, educan y se encuentran en el deporte y la cultura.

Viven y trabajan en barrios pobres y ricos de ciudades grandes, medianas y pequeñas, y también en las zonas más remotas e inaccesibles de Brasil​, entre ellas centenares de localidades desperdigadas por la Amazonia.

Sus templos brotan de norte a sur, en territorios rurales y en áreas metropolitanas, donde el trabajo social que realizan contiene a millones de personas golpeadas por el desempleo, las drogas, el alcoholismo o la violencia familiar.

Son los evangélicos, devotos de cultos originados con la reforma protestante del siglo XVI encabezada por Martín Lutero establecidos en Brasil con la inmigración europea del siglo XIX y XX y cuyas vertientes comenzaron a masificarse a partir de la década de 1980 gracias al uso de los medios de comunicación.

La arrolladora expansión evangélica alcanza todos los rincones del quinto país más extenso del mundo. Se trata de un fenómeno urbano y rural, y es especialmente intenso en las periferias de las grandes ciudades y particularmente en las favelas. Según datos oficiales, unas 25 nuevas organizaciones religiosas se registran cada día en el mayor país latinoamericano.

“Crecemos porque predicamos, sin ninguna timidez y sin miedo. Predicamos en la calle, en la TV, en la radio. Predicamos para el vecino. Hablamos del amor de Dios para nuestros parientes”, dijo en una entrevista con Clarín el influyente pastor y diputado Marco Feliciano, interlocutor habitual del presidente Jair Bolsonaro​ y mencionado como un posible compañero de fórmula del mandatario ultraconservador en un esperado intento por la reelección en 2022.

Al igual que los sindicatos, partidos políticos o fundaciones, las iglesias están exceptuadas del pago de impuestos patrimoniales o de renta, y muchas de ellas, con agresivas técnicas de recaudación entre sus fieles, que aportan el llamado diezmo, disponen de amplios recursos económicos con los que han montado imperios mediáticos que refuerzan su influencia, religiosa y política.

Los fieles evangélicos se cuadruplicaron en los últimos 40 años en Brasil. /AP Photo/Leo Correa.

“El pato pone huevos mayores que el de una gallina. El huevo de pato tiene más nutrientes. ¿Por qué nadie compra el huevo del pato? Porque nadie sabe dónde está. Cuando la gallina pone lo primero que hace es gritar. ¿Qué aprendemos de eso? Si tienes una cosa buena y la guardas solo para ti, sólo tú serás beneficiado de eso. Cuando te conviertes a la fe evangélica, somos estimulados a cumplir el camino de Jesús, que dice ‘id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura’. Entonces predicamos, por eso el crecimiento vertiginoso del movimiento evangélico”, aseguró Feliciano.

En el área metropolitana de San Pablo, la mayor urbe de Brasil, los evangélicos ya son mayoría entre la población, al igual que en muchas ciudades de Río de Janeiro y Espírito Santo, estados de la región Sudeste, la más rica y poblada del país.

“El crecimiento evangélico en Brasil es un fenómeno de 40 años. Comienza fuerte en los años ’80 y explota en la década de 1990 con el crecimiento de las periferias, de las favelas”, explicó a Clarín en Brasilia el pastor Ricardo Souza, de la Iglesia Presbiteriana del Planalto, una de las denominaciones de las iglesias históricas brasileñas que cuenta con cerca de un millón de fieles en todo el país.

Jair Bolsonaro y su esposa Michelle en un servicio evangélico. /DPA.

A fines de los años ’70, cuando el auge de los movimientos pentecostales tomó velocidad, la Iglesia católica era sacudida en América latina por la teología de la liberación y las llamadas comunidades eclesiásticas de base, que tenían como principio central la opción preferencial por los pobres.

Fue entonces cuando el pastor, escritor y teólogo peruano Samuel Escobar observó que mientras los teólogos de la liberación católica en América Latina tenían esa opción por los pobres, los pobres elegían a la renovación cristiana.

La masividad de esos cultos atrajo el interés de los políticos, independientemente de cualquier ideología. Todos los candidatos, sin excepción, cortejan a las iglesias y a sus pastores en época electoral, en busca de los votos de los fieles.

“Así fue con Fernando Henrique Cardoso, con Lula, con Dilma Rousseff y con todos los otros principales protagonistas de las elecciones presidenciales de los últimos 30 años: Marina Silva, José Serra, Geraldo Alckmin, Jair Bolsonaro y Fernando Haddad. Todos han compartido actos y buscado con esmero el voto evangélico”, recordó Ricardo Ismael de Carvalho, profesor e investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica (PUC) de Río de Janeiro.

Una evangélica se arrodilla en oración mientras en la Iglesia de la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, en Río de Janeiro. /AP Photo/Leo Correa.

“Saben que el apoyo de estos grupos, que comunican bien e influencian fieles, hace la diferencia en una elección”, agregó De Carvalho.

“Dios encima de todos”

A lo largo de la W3, una avenida comercial de Brasilia algo venida a menos, puede contarse casi una iglesia evangélica por cuadra. Los templos funcionan en lo que alguna vez fueron pequeñas tiendas, locales y pisos comerciales, configurando una variada oferta de espacios para cultivar la fe que atrae centenares de fieles cada día.

Justamente fe es lo que no falta en este país de 210 millones de habitantes, donde sólo un 1% se declara ateo, la proporción de evangélicos se cuadruplicó en 40 años y en el que el presidente fue electo por primera vez con el apoyo unánime de los líderes de la renovación cristiana e invocando el nombre de Dios en su lema de campaña: “Brasil encima de todo, Dios encima de todos”.

Las iglesias y templos se multiplican también en las llamadas ciudades satélites (ciudades dormitorio) de la capital brasileña, como Recanto das Emas, donde en los márgenes de su avenida principal los lugares de culto se erigen entremezclados con tiendas comerciales.

Allí, decenas de iglesias ofrecen servicios de consuelo espiritual, adoración, lectura y enseñanza de la biblia y actividades sociales, de caridad y de recreación para niños, adolescentes y adultos. Cerca del centro de Recanto das Emas un parque bien cuidado, con modernos juegos infantiles, recibe el nombre de Plaza de la Biblia.

En Brasil hay también hospitales evangélicos, universidades evangélicas, colegios evangélicos, medios de comunicación evangélicos, editoriales evangélicas, productos alimenticios evangélicos y moda evangélica , generalmente estructurados a través de fundaciones, iglesias, organismos de beneficencia y empresas de porte, como SuperBom, vinculadas directamente a los adventistas, con una historia de 90 años y 25,000 puntos de venta en Brasil de comida saludable, que ese culto tiene como uno de sus principios básicos.

“Somos millones de cristianos. Desde ricos hasta albañiles y empleadas domésticas. Estamos en todos lados. Llegamos donde el Estado no está. Trabajamos en presidios, con las familias de los presos, en orfanatos, tenemos casas de sopa, asilos para ancianos, albergues para mendigos, para mujeres en riesgo. Estamos donde ocurre una catástrofe, distribuimos lapiceras entre los jóvenes el día del examen de ingreso a la universidad, y también les damos café y un abrazo”, contó a Clarín Fernando Larini, pastor de la Iglesia Evangélica Cristiana Pentecostal, que funciona en el sureño estado de Rio Grande do Sul.

Iglesia de la Asamblea de Dios Victoria en Cristo en Río de Janeiro. Decenas de iglesias ofrecen actividades sociales, de caridad y de recreación para niños, adolescentes y adultos. /AP Photo/Leo Correa.

Unos 65 millones de brasileños se declaran evangélicos, porción equivalente a 31% de la población.

El culto más importante entre el movimiento pentecostal, la Asamblea de Dios, tiene 109 años de historia, unos 20 millones de fieles y una capilaridad única: cuenta con 110.000 templos en todo Brasil. Su trabajo es de bajo perfil, menos estruendoso que el de los llamados neopentecostales, omnipresentes en TV.

“Entre los evangélicos, somos como un iceberg: el cuerpo mayor está dentro del agua”, dijo el pastor y líder de la Asamblea de Dios, Samuel Cámara, en una rara y reciente entrevista con el diario Folha de Sao Paulo.

“El público lego ve a los neopentecostales como más vistosos, portentosos, con más capacidad económica. Sus pastores son más cosmopolitas, están en las avenidas. Pero ellos no representan más que el 20% de los evangélicos. Lo que crece es el templo en la calle simple, en la favela. La diferencia es que los pentecostales están donde otras iglesias no van”, agregó el pastor, hermano de Silas Cámara, líder de la poderosa “bancada de la biblia” en la Cámara de Diputados.

El catolicismo, en baja

Entre 1991 y 2010 la proporción de evangélicos en Brasil creció un 0,7% anual, mientras que la de católicos, todavía la mitad de la población, disminuyó 1 punto porcentual por año. En unos 10 o 12 años, de mantenerse este ritmo, se estima que la población de evangélicos superará a la de católicos.

Para el pastor Souza, el retroceso del catolicismo en el país con la mayor población católica del mundo tiene varias explicaciones. Por un lado, al contrario de la corriente más politizada de la Iglesia católica, que tiene un discurso de condena a la riqueza, el mensaje de los evangélicos estimula el emprendedorismo y el progreso material.

Una mujer distribuye folletos que presentan al pastor evangélico Silas Malafaia con dos candidatos políticos, muchos líderes evangélicos se sumergen en la política. /AP / Leo Correa.

“Hay una teología de la prosperidad. Además, todos los días en Brasil se abren iglesias. Y por su extrema centralización, la Iglesia católica no puede competir con eso”, indicó Souza.

“Las iglesias desarrollan actividades sociales y tienen éxito en mitigar el sentimiento de sufrimiento de mucha gente. Muchos pastores logran incentivar a jóvenes a estudiar, a salir de las drogas, a salir del alcohol. Alejarse de las drogas y el alcohol ya mejora mucho la vida de las personas. Si tus ingresos son bajos y paras de gastar la mitad de lo que ganas con drogas o alcohol, todo mejora”, observó.

El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Ernesto Araújo, quien como Bolsonaro se declara católico, culpó por el retroceso del catolicismo a las posiciones de izquierda abrazadas con el surgimiento de la teología de la liberación.

“Cuando su teología de la liberación apareció, más de 90% de los brasileños eran católicos. Hoy son 50% y cayendo. Los brasileños -principalmente los pobres- rechazaron su teomarxismo y corrieron para las iglesias evangélicas, donde pueden alabar a Jesucristo”, le dijo Araújo en un intercambio a través de una red social al ex sacerdote católico Leonardo Boff, uno de los fundadores de la llamada teología de la liberación.

El pastor Feliciano coincidió con esa idea al comentar el reciente encuentro en Roma del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva con el Papa Francisco. “Cuando veo al Papa bendiciendo a Lula, un ladrón impenitente, recuerdo la tesis del PT (Partido de los Trabajadores) de infiltrarse en el segmento evangélico. ¡Que sirva de lección al movimiento evangélico brasileño lo que el PT hizo con la Iglesia Católica!”, afirmó.

Feliciano hizo así referencia a un reciente pedido de Lula a los dirigentes del PT para crear núcleos evangélicos, buscando acercarse a un sector que votó macizamente a Bolsonaro.

En el universo de los cerca de 41 millones de electores evangélicos, Bolsonaro obtuvo en las elecciones de 2018 un 67% de los votos válidos, ante un 33% de su rival Fernando Haddad, del PT.

“Jair Bolsonaro tuvo 10 millones de votos más que el PT. Esos 10 millones de votos vinieron de los evangélicos. Entonces nosotros ayudamos mucho al presidente. Estamos con Bolsonaro, con su agenda”, indicó Feliciano.

“Hoy Brasil tiene un gobierno conservador. Jair Bolsonaro se identificó mucho con nosotros debido a nuestra agenda de costumbres. Él está contra el aborto, a favor de la familia tradicional, contra la legalización de las drogas, contra los juegos de azar, cosas que son caras para las iglesias, sean católicas o evangélicas. Es la agenda de 88% de los brasileños”, dijo el pastor y legislador, con una actuación vigorosa en las redes sociales y en medios de comunicación.

El avance evangélico también se verifica fuertemente en la política. En las elecciones del 2018 fueron electos 91 parlamentarios evangélicos, 13 más que en el 2014. Con esa elección, el número de legisladores evangélicos en la Cámara de Diputados pasó a 112 (21% de los 513 diputados), mientras que en la Cámara alta hay 15 senadores evangélicos, un 18,5% de los 81 miembros del cuerpo legislativo.

Un cuarto de siglo atrás, apenas 4% de los diputados eran evangélicos.

Bolsonaro, que se declara católico, está casado con una evangélica, Michelle, que se desempeñó como intérprete en lenguaje de señas en una congregación bautista.

El mandatario asiste regularmente a cultos y grandes eventos evangélicos, como la reciente celebración de los 40 años de la Iglesia Internacional de la Gracia de Dios, del pastor RR Soares, que reunió una multitud en Río de Janeiro, o la masiva “Marcha para Jesús”, que se realizó en San Pablo y en Brasilia.

Sólo el año pasado fueron 40 encuentros con pastores, políticos evangélicos o actos de algún culto pentecostal, cuatro veces más que los dedicados a atender reivindicaciones o simplemente mantener contactos con la jerarquía de la Iglesia católica, de acuerdo a un reciente conteo hecho por O Globo.

Muchas de esas reuniones son agendadas por Bolsonaro tras conversar con el diputado Feliciano, o recibir pastores que dirigen iglesias importantes, como Edir Macedo, fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) y dueño de la TV Record, R.R. Soares o Estevam Hernandes, conocido como “el apóstol” y líder de la iglesia Renacer en Cristo, quien en la “Marcha para Jesús” pidió por la reelección del mandatario.

“Bendecimos a nuestro Presidente. Dios lo va a bendecir más aún. Los cambios ya comenzaron y el Señor lo va a traer a la Marcha otros ocho años. ¡Ocho años! Este país está siendo liberado de la corrupción, de la impunidad y de la inmoralidad”, aseguró el apóstol Hernandes.

“Proyecto de poder”

A 40 años del inicio de su masificación, el fenómeno social y religioso provocado por la expansión de los movimientos evangélicos es también parte inseparable de la política brasileña.

Y como en la política, pastores de diferentes cultos, puertas adentro de la iglesia, reconocen la existencia de conflictos, manipulación, intereses perversos en muchos líderes religiosos, presiones abusivas para donar y en muchos casos una explotación económica sin compasión por los fieles que permiten ganancias exorbitantes sin fiscalización.

“Existen muchas críticas a determinadas iglesias, y muchas tienen sentido. Manipulación de fieles, las promesas de que si donan un determinado valor van a recibir a cambio una cosa mayor o mejor, todo eso es terrible. Pero es innegable que mucha gente que entra a un culto que tiene cosas cuestionables, va a encontrar personas que dejaron la bebida, el alcoholismo, la prostitución, dejaron de robar, y eso ya trae una mejora social impresionante”, dijo Ricardo Souza.

El pastor presbiteriano reconoció también que algunas iglesias “tienen un proyecto de poder”. Existen grupos religiosos, por ejemplo, con una visión mística sobre un supuesto papel de predestinación para asumir y ejercer altos cargos. Esa visión, parte constitutiva de la identidad de algunos cultos, se corporiza en el lema “Dios no nos hizo para ser cola, si no para ser cabeza”, que repiten muchos.

“Hoy, cualquier Propuesta de Enmienda Constitucional (PEC, que requiere de mayoría calificada) o proyecto de ley, para ser aprobado en la Cámara de Diputados, necesita pasar por el filtro de la bancada evangélica, la segunda en importancia después de la del agronegocio”, recordó el filósofo y analista político Denis Lerrer Rosenfield.

Iglesia evangélica en Brasilia. /EVARISTO SA / AFP.

Para los movimientos pentecostales, el próximo gran paso podrá ser dado con la designación, según prometió el propio Bolsonaro, de “un juez terriblemente evangélico” en el Supremo Tribunal Federal (STF). El presidente de Brasil elegirá por primera vez un miembro en la corte suprema en noviembre, cuando se jubile el decano del tribunal, el juez Celso de Mello.

Bolsonaro, también, podría tener en el 2022 un compañero evangélico para intentar la reelección, si es que decide no repetir fórmula con el general retirado Hamilton Mourao.

Para ese escenario, además del nombre de Feliciano, está contemplada Damares Alves, ministra de la Mujer, de la Familia y de los Derechos Humanos. Abogada y pastora, Damares es la tercera más popular entre los ministros del gabinete del presidente brasileño y tiene un especial predicamento entre los estratos más pobres de la población.

Para Feliciano, la presencia de evangélicos en los puestos de comando del Estado es perfectamente natural.

“Estuvimos lejos de la política brasileña por mucho tiempo. La iglesia comprendió que es posible continuar sirviendo a Dios y participar de la vida pública también. Nosotros, la fe evangélica, somos de 30% a 38% de la población, pero aún no somos 30% del Parlamento. Vamos a serlo, si Dios quiere”, concluyó.

Brasilia, corresponsal.