Elecciones en Estados Unidos: ¿Vale más malo conocido que bueno por conocer?

Rubén Navarro / Actuall /

Para muchos Trump es un “malo conocido”.Pero Biden no es un “bueno por conocer”. Sus políticas como senador y vicepresidente son muy claras. No quedan dudas del apoyo de Joe Biden al aborto, los llamados “derechos sexuales y reproductivos” y a la “agenda LGBTI”.

Hace unos días se celebraron las elecciones en Estados Unidos de América (EE. UU), uno de los grandes jugadores en la geopolítica, la economía y el poder mundial. Que los votantes estadounidenses eligieran a Joe Biden o a Donald Trump tendrá implicaciones considerables en todo el mundo. Hoy, diez días después, ni siquiera está claro ni aceptado quién es el ganador de las elecciones y parece indicar que se judicializarán. El resultado definitivo todavía tardará.

Este artículo dejará de lado las acusaciones de fraude, las estadísticas que desvelan que el 100% de los votos a las 4 de la mañana van a un candidato o a otro o que, de repente, aparecieron miles de votos en otro estado todos para un mismo candidato. Aquí intentaremos ir a los asuntos morales, políticos y sociales.

Estas elecciones se comenzaron a decidir y definir mucho antes de que empezara la campaña electoral, en un periodo pre-pandemia de Covid-19 y de este tristemente célebre 2020 que ya está llegando a su fin. Diría incluso que estas elecciones empezaron a decidirse en 2016, cuando Donald Trump ganó las anteriores, en contra de todas las encuestas y medios de comunicación, y se convirtió en el 45º presidente de los EE. UU. Desde entonces, muchos atacaban a ese candidato, luego presidente, que consideraban arrogante, con aires chulescos y al que calificaban de abusón y maleducado.

Muchos se apresuraron a buscar asuntos poco aceptables moralmente y a multiplicar las declaraciones y comentarios de Trump en los que criticaba a los migrantes o en los que se decía que promocionaba un racismo contra ellos. Lo que está claro es que una gran parte de la prensa y los medios de comunicación han utilizado sus plataformas para resaltarlos al tiempo que maquillaban, eliminaban o borraban los de otros.

Donald Trump ha sido un político poco común y un candidato atípico. Antes de ser candidato a presidente nunca había tenido ni un cargo político ni militar. Era un empresario y que continuaba un legado familiar. No es un “político de carrera” y ello tal vez le alejaba del politiqueo, los amiguismos y unas cuidadas expresiones. Fue uno de los primeros en utilizar Twitter de forma intensa y en denunciar campañas de medios de comunicación o las redes sociales. Pese a ser polémico, fuerte en sus convicciones y duro en sus declaraciones, ha sido el único presidente de EE. UU. en los últimos 40 años, desde Jimmy Carter, que no ha comenzado ninguna guerra. Además, ha acercado posiciones entre Emiratos Árabes Unidos, Bahrein e Israel y disminuido la tensión bélica en Corea del Norte.

Mucho se ha criticado al presidente Trump por las formas, sus políticas o incluso por una moralidad que se considera errónea. Al tiempo, se pasaba de puntillas por la vida privada de Joe Biden, que también tenía sus complicaciones y sombras. Incluso se ha llegado a exagerar, mentir o difundir bulos sobre Joe Biden y su catolicidad, misa y rosario diarios en familia intentando ponerlo como el “católico perfecto y modelo” en contraposición al faltón, abusivo y maleducado Trump.

En las elecciones lo que se debería pedir es la honestidad y valores personales de los candidatos, aunque se debería votar por las políticas públicas y las medidas de gobierno siendo claro y notorio que las políticas proaborto, proLGBTI y antinatalistas del partido Demócrata son totalmente contrarias a los principios cristianos en general y católicos en particular.

También es claro y transparente el hecho de que gigantes del aborto, como Planned Parenthood, apoyaban a Joe Biden y Kamala Harris. No quedan dudas del apoyo de Joe Biden al aborto, a los llamados “derechos sexuales y reproductivos”, a la “agenda LGBTI” así como la negación de los derechos de los padres respecto a la educación de los hijos. No dista mucho del “los hijos no son de los padres” famoso de la ministra española Isabel Celáa. Joe Biden no es un “bueno por conocer” sino un “malo conocido”.

No entiendo el afán de muchos católicos, incluso sacerdotes y obispos, que han promovido a un candidato por encima de otro. La cuidada equidistancia respecto a los candidatos en otras elecciones se ha olvidado y muchos se han convertido en fans de Biden, quizás por ser odiadores de Trump. Se multiplicaban las faltas personales de uno, que no se pretenden negar en este artículo, para tapar las horrendas y totalmente anticristianas políticas del otro.

Las políticas públicas de Trump, sobre todo en lo relacionado con la defensa del derecho a la vida del niño por nacer han sido bastante claras. Ha defendido la dignidad y vida humana desde la concepción hasta la muerte natural, fue el primer presidente de EE.UU. en acudir a la “Marcha por la Vida” en Washington, ha retirado fondos a Planned Parenthood, se ha negado a promocionar el aborto en el extranjero, ha roto con las políticas proaborto que su antecesor, el presidente Barack Obama, había promovido en el exterior, en ocasiones incluso utilizando fondos públicos y la fuerza económica, comercial o diplomática de EE. UU. Trump, después de todo no podríamos decir que sea un “malo conocido”.

Bien haríamos, antes de votar, en revisar si el candidato o partido político defiende nuestros principios y valores, aquellos que son importantes para nosotros como votantes. Para muchos será importante el ecologismo, la gestión de las fronteras interiores, la migración, la lucha contra el terrorismo internacional, la sanidad pública, el aborto o la promoción de la ideología de género y creo que deben votar en consecuencia. Otros quizás tengan ciertos principios y “valores fundamentales, como el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas”. Son los valores que, en palabras del Papa Benedicto XVI, «no son negociables«.

«Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana», expresa el pontífice emérito en la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis (punto 83)

Concluyendo, el estilo personal de un candidato o ciertas políticas que disgusten o con las que no se esté de acuerdo deben ponderarse frente a valores y principios no negociables como el de respeto de la vida humana desde la concepción a la muerte natural o la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer. El sentido del voto lo deberíamos tener claro en función de los principios o valores negociables para cada uno.

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