El Covid-19 y una búsqueda de paralelos históricos

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¿Cómo pueden los líderes cristianos organizar su pensamiento acerca de un paisaje con características importantes que permanecerán en gran parte desconocidas por un tiempo? Un artículo de Roy MacLeod y David Taylor.

El virus es un acontecimiento extraordinario, pero si logramos encontrar un ancla en sucesos históricos, puede ayudar a situarnos en algún tipo de contexto. La gripe española de 1918 tiene paralelos epidemiológicos, pero no es útil para una perspectiva más amplia. En cambio, los acontecimientos del período 1914-45 que abarcó dos guerras mundiales tienen algunas lecciones, ciertamente para las sociedades angloamericanas donde ese período forma parte de la memoria popular. El mes de agosto de 1914 fue una conmoción comparable a la que estamos viviendo; y las dinámicas reformas de la economía y la sociedad que comenzaron en 1945 nos dan una orientación sobre cómo el virus podría dar forma a la sociedad una vez finalizada la pandemia.

Es obvio que aún es temprano, y el impacto del virus depende del tiempo que duren sus daños.

Paralelo con agosto de 1914

Los paralelos entre el COVID-19 y la llegada de la guerra en 1914 son fuertes. Ambos llegaron al final de un período de fuerte crecimiento económico mundial y globalización. Ambos eventos fueron inesperados, y muchos consideraban al mundo globalizado preexistente como normal, cierto y permanente.

En ambos casos, las personas más afectadas económicamente han sido la generación más joven, en edad laboral y con hijos que mantener, y los menos afectados fueron los ancianos que viven de pensiones y ahorros, y tienen propiedades más grandes en las que quedarse en casa.

Las medidas adoptadas por los gobiernos son paralelas a las adoptadas en 1914. Hemos visto un aumento descomunal de la deuda, sin contrapartida de impuestos, para apoyar la economía. Los gobiernos están tomando el control de industrias, y las libertades civiles han sido restringidas.

Bolonia en 1914.

Sin embargo, el paralelo más sorprendente es éste: en ambos casos el impacto del calamitoso acontecimiento se consideró como temporal y reversible. En 1914, el consenso era que la guerra duraría solo unos pocos meses. En 2020, el consenso popular sigue siendo que es probable un regreso a AC (antes del COVID-19), a pesar de los estudios que muestran que la supresión del virus sin una vacuna simplemente llevará a su resurgimiento.

Paralelo con 1945: el cambio climático como ejemplo

El agotado mundo de 1945 fue capaz de elaborar una notable gama de medidas sociales y económicas (podemos resumirlas como “democracia social”) que condujeron a un impresionante medio siglo de prosperidad y salud.

Tomemos solo un ejemplo donde podríamos ver un “momento 1945”: el cambio climático. Debemos tener cuidado con aquellos que simplemente añaden el COVID-19 a su lista de razones por las que algo puede y debe hacerse para descarbonizar el planeta. Sin embargo, también necesitamos escepticismo hacia las personas que nos dicen por qué el virus hace que la acción sea más complicada.

Argumentos como este ignoran el hecho de que el virus ha cambiado la política. En 1945, los gobiernos se comprometieron con una sociedad más justa, con atención médica y pleno empleo, a pesar de que las economías se habían visto desbordadas por el esfuerzo bélico, se habían liquidado las inversiones extranjeras y había millones de personas desplazadas. A primera vista, esto debería haber indicado precaución. No obstante, se destacaron dos hechos: primero, los gobiernos habían demostrado que podían forzar grandes cambios; y segundo, la gente común necesitaba y quería ser recompensada por sus sacrificios. Lo mismo ocurrirá al final de la emergencia del virus.

El cambio climático preocupa más a los jóvenes, por el mero hecho de que es más probable que vivan las consecuencias perjudiciales. Estas mismas personas son las que más están sufriendo por los cierres: muchos tienen empleos inseguros, pocos ahorros, viven en espacios limitados. Los jóvenes trabajan desproporcionadamente en áreas de la economía que han sido cerradas y a los que les costará volver a prosperar, como la industria de la hospitalidad. Después de la pandemia, no verán con buenos ojos si se les pide que asuman una mayor carga fiscal para pagar los costos del rescate económico, otro aspecto del problema de la “justicia intergeneracional”.

También son los que menos riesgo corren del COVID-19. Pueden argumentar que sus vidas se ven alteradas para salvar a los ancianos, muchos de los cuales morirían pronto de todos modos. Pueden decir: “¿Cómo es que podemos cerrar la economía para salvar a unos cuantos ancianos, pero no para salvar el planeta…?”. ¿Qué tendrá que decir la iglesia sobre este tema y a estos jóvenes?[1]

La catedral de San Pablo, tras un bombardeo.

Otras áreas que cambiarán en un mundo post-virus

El “mundo post-virus” no significa un mundo libre del virus debido a una vacuna, porque llevará mucho tiempo desarrollarla y utilizarla. Puede ser de eficacia limitada, y puede que nunca llegue. Significa un mundo que ha experimentado el virus y que ha sido cambiado por él.

Esta no es una lista completa, pero está diseñada para que empecemos a pensar en lo que podría cambiar y las implicaciones de esos cambios:

– Ministerios cristianos. En muchos casos, pueden emerger en una forma reducida, dañados financieramente por el cierre de grandes encuentros y otros eventos generadores de ingresos, así como el culto dominical normal presencial, y el empobrecimiento de algunos colaboradores a través de una caída económica por el COVID-19 y post-COVID-19. El aspecto del paisaje evangélico puede ser muy diferente en otros aspectos, como la ausencia de grandes encuentros que involucren viajes de larga distancia.

Por un lado, muchas personas han sido sacadas bruscamente de sus estilos de vida materialistas y ensimismadas, y hay un hambre generalizada de entender lo que ha sucedido y por qué. Hay un gran margen para un renacimiento de la fe. ¿Cómo responderá la iglesia a esta oportunidad? La respuesta de algunas jerarquías establecidas (anglicana, católica, etc.) al cerrar iglesias parece haber enviado un mensaje negativo tanto a cristianos como a no creyentes.

Por otro lado, ha habido una explosión en la adoración, evangelización y discipulado en línea, especialmente a través de foros como Zoom. Algunas personas interesadas que se han unido a estos eventos en línea no hubieran estado dispuestas a entrar por la puerta de una iglesia. ¿Cómo pueden estos foros ser aprovechados y dirigidos para la adoración y evangelización cristiana como una característica permanente del paisaje en el futuro?

– Viajes en avión. Los viajes aéreos baratos produjeron el turismo en masa que propagó el virus tan rápidamente. Ese modelo parece no tener futuro, ya que las personas serán cautelosas con los viajes y los estados impondrán cuarentenas. Poner fin a los viajes aéreos en masa también ayudará a la descarbonización.

Las tarifas más altas resultantes tienen enormes implicaciones para quienes están acostumbrados a viajar por trabajo (como los encuentros de Lausana) o por vacaciones en vuelos baratos.

Los países que dependen sustancialmente del turismo podrían sufrir daños enormes y permanentes. Los estados insulares remotos que tienen esta dependencia podrían sufrir un colapso total. También hay implicaciones para los organismos mundiales de “un estado, un voto”, como la ONU, cuando un gran número de pequeños estados en dificultades podrían vender sus votos aún más abiertamente (tal vez a China) que ahora. Esto tiene implicaciones para la aplicación de los derechos humanos.

– Oficinas vs. trabajo en casa. El contacto humano será cada vez más virtual. Los patrones de trabajo nunca volverán a ser los mismos. Esto reducirá los viajes diarios al trabajo. Los centros de las ciudades tendrán que sobrevivir convirtiendo las oficinas en tiendas y apartamentos. Los lugares de trabajo que queden serán rediseñados. Centros mundiales como Dubái y Singapur, e incluso Nueva York y Londres, podrían ver revertir su reciente crecimiento.[2]

– China. Hay muchísima ira a nivel mundial por la forma en que el país ha manejado el brote. Con su reputación bajo ataque, una Pekín aislada puede considerar a las minorías religiosas como un tema todavía más sensible y tomar medidas aún más duras.[3]

– Cadenas de suministro mundiales. Ya hay señales de países que buscan acortar sus cadenas de suministro o incluso llevar la fabricación de artículos estratégicos a casa. Las sociedades definirán sectores clave como la salud y se asegurarán de tener recursos propios dentro del país.

– La antifragilidad sustituirá a la fragilidad. El mundo dejará de centrarse en eventos de alta probabilidad y bajo impacto, como las recesiones y cambios tecnológicos, para preocuparse por eventos de baja probabilidad y alto impacto, como las pandemias y (quizás) el cambio climático catastrófico.

– La inevitabilidad del progreso humano. Esta percepción secular generalizada ha sido mellada por el debilitamiento de muchas mejoras que parecían permanentes en la calidad material y la seguridad de la vida. Esta conmoción es, sin duda, lo que se esconde detrás del extraordinario aumento del interés por la oración y la asistencia a los eventos de culto en línea ya mencionados. ¿Cómo podrá sostenerse esto cuando se alivien algunas de las inseguridades?

– Reevaluación de los trabajos de primera línea. Hasta ahora, estos son a menudo realizados por personal mal pagado y a menudo infravalorado. ¿Cómo podemos contribuir al debate sobre un nuevo orden económico que refleje de alguna manera el verdadero valor del trabajo?

– La “marca occidental”. ¿Se verá perjudicada por la gestión vacilante de la crisis por parte de los Estados Unidos y Europa? ¿Qué efecto tendrá esto en la misión?

– Cohesión comunitaria. En muchos países, ha habido un enorme aumento del voluntariado y de la interacción comunitaria en general. Las iglesias y los cristianos individuales han estado en muchos casos a la vanguardia de esto. La clave será mantenerlo, así como responder a la enorme oleada de interés en asuntos de espiritualidad después de que la vida vuelva a alguna versión de “normalidad”.

Conclusión

Es imposible analizar en detalle a esta altura cómo cualquiera de estos cambios podría afectar los ministerios cristianos individuales. Más bien, lo anterior pretende ser un estímulo para que los líderes empiecen a pensar en las implicaciones para ellos y aquellos que lideran. Este artículo, escrito desde Europa en los primeros días de la pandemia, está inevitablemente en un contexto fuertemente occidental. No obstante, preguntas similares se presentarán de diferentes formas a los líderes de diferentes países en diferentes escalas de tiempo, a medida que el virus continúe su marcha mortal.

Por lo tanto, todos tenemos que empezar a imaginar un mundo que se verá cambiado en algunos aspectos importantes. ¿Cómo pueden los líderes cristianos organizar su pensamiento acerca de un paisaje con características importantes que permanecerán en gran parte desconocidas por un tiempo? ¿Cómo pueden empezar a hacer planes prudentes para abordar los contextos cambiantes para sus propias operaciones, tanto para aprovechar las oportunidades muy reales que Dios les ha dado como para mitigar los rasgos negativos?

Roy MacLeod es director gerente de análisis consultivo, consultor en análisis macroeconómico y es doctor por la Universidad de Oxford. David Taylor fue editor del Análisis Mundial de Lausana desde su lanzamiento hasta principios de este año y ahora forma parte del Consejo Asesor Editorial.

Este artículo se publicó por primera vez en la web del Movimiento Lausana y se ha reproducido con permiso.

(Los comentarios y artículos de opinión, son propios de las personas que los escriben y no necesariamente representan el pensamiento de este medio )