Covid-19 y “La Guerra”

M.Div. Guillermo Green /Secretario Ejecutivo de la Editorial CLIR /

La pandemia del Covid-19 ha provocado varias escaramuzas sociales en los diferentes países. Los sectores empresariales han luchado con las medidas de cierre que los gobiernos han aplicado. Las escuelas (especialmente las privadas) están luchando actualmente con las medidas impuestas por Ministerios de Salud. Gobiernos municipales luchan contra gobiernos federales porque se ven con menos ingresos debido a los cierres. Y así sucesivamente se está provocando roces y fricción entre un sector y otro.

Pero hay una guerra invisible que es una de las peores. Hemos escrito anteriormente (ver blogues anteriores) que la pandemia sacaría a la luz nuestras debilidades: sociales, políticas, económicas y religiosas. Así son las pruebas en la vida. Las llamamos “pruebas” precisamente porque prueban si estamos bien o no, y dónde están las fallas. Todo cristiano da gracias a Dios por las pruebas, porque Dios las usa para mejorarnos y acercar nuestras vidas y familias más a él y a su gloria. Sugiero que esta pandemia está sacando a la luz una verdadera guerra: la guerra familiar.

Dejaré el asunto de relaciones matrimoniales para otro momento, aunque sin duda el covid-19 ha probado esas relaciones también. Aquí urge tocar la guerra que todo padre cristiano tiene por la mente y corazón de su hijo. Escuché hace poco un predicador decir: “El mundo quiere el corazón de su hijo, y juega para ganar, no para perder”. ¡Palabras ciertas! Debemos meditar en varios puntos.

1) Muchos padres piensan que sus hijos son “sus hijos”. Error número 1. Oigamos lo que dijo Dios por medio del profeta Ezequiel, reclamando la actitud de los padres israelitas:

“… Además de esto, tomaste tus hijos y tus hijas que habías dado a luz para mí, y los sacrificaste a ellas para que fuesen consumidos. ¿Eran poca cosa tus fornicaciones, para que degollases también a mis hijos y los ofrecieras a aquellas imágenes como ofrenda que el fuego consumía?” (Ezeq. 16:20-21 R60)

En este pasaje encontramos a Dios sumamente airado por el descuido imperdonable de entregar a los hijos a dioses falsos. Probablemente aquí se refiere a la horrible religión de Moloc, en la cual colocaba infantes recién nacidos en la boca de un ídolo de metal calentado con fuego, y basicamente se incineraban a los bebés. Todo esto en nombre de una “piadosa ofrenda” al dios de ellos.

Quiero que notemos lo grave del asunto. Dios señala no sólo el escándalo de sacrificar vivo a los bebés. Dios dice que eran sus hijos. ¡Estaban sacrificando lo que ni siquiera era de ellos! Y esto Dios había dejado claro al comienza de su nación (ver Deuteronomio 6).

Los hijos de los israelitas pertenecían a Dios, Dios los daba, los prestaba, para que el padre creyente los preparara y los entrenara en los mandamientos de Dios, para que como adultos le siervieran. Descuidar su preparación era sumamente grave. Agarrarlos y entregarlos a un dios falso ¡era imperdonable!

Y pagaron con la destrucción de su vida, su ciudad y su templo. Recuerde que Ezequiel escribe desde Bablilonia – Nabucodonosor ya había destruído todo lo que tenía el pueblo de Israel.

Los hijos de los cristianos no son “sus hijos”. Pertenecen a Dios de una manera muy especial. Es por eso que Dios los sella con el bautismo, los reclama para sí, y encarga a los padres bajo voto solemne “criarlos en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4). Aún si sólo uno de los padres es cristiano, Pablo afirma que sus hijos son apartados, son “santos”, están bajo las obligaciones del pacto (1 Corintios 7:14). Los padres cristianos darán cuenta al Dios de pacto por los hijos que Dios les encomendó.

El propósito de Dios al entregarlos en el seno de un hogar cristiano es que sean preparados para servir su reino un día. Uno de los desastres más grandes y tristes es la poca importancia que los padres cristianos dan a su responsabilidad con sus hijos ante Dios.

2) Hablemos de una verdadera guerra. Durante toda la historia la verdadera “guerra espiritual” ha sido por los hijos que Dios entrega en el seno del hogar cristiano.

A menudo los padres no dan la importancia debida a la voluntad de Dios, de que los padres preparen soldados cristianos. Hay un pasaje poco recordado pero impresionante en el libro de los jueces que aquí citamos. Fíjese que Dios dice que iba a probar a su pueblo duramente para que los hijos “aprendieran la guerra”. Ojo aquí:

Las siguientes naciones son las que el SEÑOR dejó a salvo para poner a prueba a todos los israelitas que no habían participado en ninguna de las guerras de Canaán. 

Lo hizo solamente para que los descendientes de los israelitas, que no habían tenido experiencia en el campo de batalla, aprendieran a combatir. Quedaron los cinco príncipes de los filisteos, todos los cananeos, y los sidonios y heveos que vivían en los montes del Líbano, desde el monte de Baal Hermón hasta Lebó Jamat”. (Jueces 3:1-3 NVI)

En el caso citado, la guerra que debían aprender era una guerra de combatir enemigos con espada y lanza, una guerra física con sangre y muertes físicas de familiares.

Sin embargo, sabemos que el resto del testimonio bíblico (del AT y NT) habla de lucha, combate y peligro espirituales también. A menudo se juntaba el peligro físico con la lucha espiritual – como por ejemplo en el caso de Daniel cuando fue arrojado a los leones.

En última instancia, la lucha espiritual es más importante y más peligrosa que la física. Perder esa guerra es perderlo todo. Pedro les recuerda a sus lectores: Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8; R60). 

Pablo exhorta a poner toda la armadura de Dios “para que podais resistir en el día malo, y habiendo acababado todo, estar firme” (Efesios 6:13ss).

 Dios dejó a enemigos en la tierra de Palestina específicamente para que los israelitas enseñaran la guerra a sus hijos.

Esto no sucedió, los padres fallaron, y conocemos la historia desastrosa del tiempo de los jueces. Dios tuvo que levantar a un rey, David, para vencer a los enemigos y así traer la paz prometida de Dios. 

Pero no aprendieron la lección, y luego los padres israelitas dejaron de instruír a sus hijos en el pacto de su Dios, y los entregaban a los dioses falsos de las naciones impías.

¿Cuántos padres hoy por descuido, pereza y desobediencia están entregando sus hijos a los dioses falsos del placer, drogas, sexo ilícito, consumismo u otro? ¿Cuántos padres están más entretenidos con sus teléfonos, ‘chateando’ con amigos mientras sus hijos no están aprendiendo la guerra, y por lo tanto serán devorado pronto.

¿Cuántos hijos aprendieron de sus padres que “vivir dentro del teléfono” es más divertido que tener que pensar en matar canaanitas? (figurativamente) El nivel de descuido espiritual que está sucediendo en la iglesia es igual o peor que cuando los israeltias azaban a sus hijos en la boca de Moloc. Solamente que es un ‘azado lento’ y por eso nadie se queja.

El Covid-19 viene a poner a prueba cómo es la vida en el hogar. Teniendo a los hijos en la casa muchas horas más habría sido una gran oportunidad de avanzar en su entrenamiento para la guerra. Mi pregunta para usted, querido padre cristiano, es esta: ¿Cuánto ha avanzado en adiestrar a su hijo para la vida futura? ¿Cuánto ha aprendido más de las Escrituras? ¿Cuánto ha podido conversar sobre los peligros intelectuales y espirituales del internet?

Hoy la iglesia cristiana languidece en demasiado apatía, a pesar de las pruebas que Dios provee para nuestra mejora. Si no hay cambios drásticos y rápidos, lo único que nos podrá esperar es una opresión de los madianitas, o peor aún, un exilio drástico bajo Nabucodonosor. 

Hoy es el momento de arrodillarnos ante el Señor en arrepentimiento, y levantarnos a cumplir con nuestra vocación. Entrenar soldados no es tarea ni fácil ni rápida. Pero dará excelente fruto para el reino de Dios. Padre cristiano – ¡a la lucha que sí vale la pena! Y déle gracias a Dios por el Covid-19, porque viene a sacar a la luz posibles debilidades en nuestros hogares.