Cierra el único cine que proyectaba películas cristianas en Barcelona

Jonatán Soriano /Protestante Digital /

Méliès, que proyectaba material evangelístico una vez al mes, no ha resistido el impacto económico del confinamiento. 

Las consecuencias del impacto económico del confinamiento quizá sean más evidentes en lo cercano y en lo concreto. La tienda pequeña del barrio que no ha vuelto a levantar la persiana, el restaurante de la esquina que ha terminado cerrando y los locales de la calle que permanecen vacíos y con el cartel de ‘se alquila’, mientras que antes eran escaparates de alguien que saludaba al otro lado del cristal cuando veía a los vecinos pasar. Como en muchas otras cuestiones, lo pequeño y más dependiente de lo próximo es, probablemente, lo más afectado. 

Ha sido el caso de los Cines Méliès en Barcelona, que han anunciado su cierre al no poder remontar las pérdidas ocasionadas por la cuarentena. “La decisión ha sido difícil pero no nos veíamos capaces de tirar adelante el proyecto en una situación económica tan delicada”, ha explicado al diario Ara el fundador y propietario de la sala, Carles Balagué

Con vocación por el cine independiente y los grandes clásicos en versión original, 24 años después de iniciar su andadura, Méliès ha echado el cierre finalmente. En su breve pero intenso recorrido histórico, los Cines Méliès también destacan por ser el único establecimiento de la ciudad catalana que acogía, desde hacía seis años, la proyección regular de películas cristianas.

Un cine ‘amigo’ de los evangélicos

Desde 2014, los Cines Méliès proyectaban una película cristiana al mes (excepto en los meses de julio, agosto y septiembre, como parte de un ministerio impulsado por Joaquín Pujol, encargado de levantar algunos apoyos para el alquiler de la sala y para adquirir los derechos de distribución de los filmes. “Desde que comenzamos a ir, no hemos faltado una sola vez”, explica Mercedes León, responsable de un grupo evangelístico en una iglesia del centro de Barcelona. “Era una forma de compañerismo porque íbamos todos en grupo a ver la película. Cuando me enteré del cierre sentí mucha pena”, añade. 

La proyección mensual de las películas cristianas en los Cines Méliès podía llegar a reunir a más de un centenar de personas./Cedida.

Y es que Méliès, para muchos en Barcelona, ha sido un ejemplo de la misión local. “Una de las cosas que nos preocupaban era la poca atracción que generaba la iglesia para los no creyentes. Pero cuando se hacía algo en un espacio como un cine, sin que figurase el nombre de una iglesia detrás, la gente venía más. De hecho, por medio de este ministerio han habido creyentes que han podido traer a ver una película a familiares y a amigos que nunca han querido ir a una iglesia”, señala Pujol, que durante años había intentado poner en mancha una proyección regular de películas cristianas en la ciudad pero sin éxito. “Tuvimos problemas con dos cadenas de cines en la ciudad y este cine, aunque pequeñito, nos abrió las puertas”, explica.

Al principio con un breve acuerdo por tres meses, que se alargó tres meses más y después otros tres, finalmente han sido seis años de proyecciones mensuales de contenidos como LuteroLa cruz y el puñalDios no está muerto Los inquietos (la primera película que hizo la Asociación Billy Graham). “Ester Rodríguez me decía siempre que una tarde de cine abierto recibía a más personas no creyentes que una iglesia en todo el año. Sabemos que ha habido gente que se ha convertido pero no tenemos número porque nuestro ministerio no ha sido hacer un seguimiento para darnos bombo y platillo. Eso lo hemos dejado a los cristianos que sí venían acompañados de familiares y amigos”, apunta Pujol.

“Estas películas eran muy positivas porque era una forma de que la gente pudiese asistir a un contenido evangelístico sin que estuviese en el marco de un culto evangelístico. Hay muchas personas que me han dicho que una película les ha hecho mucho bien. Las películas han sido de mucho provecho para creyentes y no creyentes”, remarca León.

Una continuidad deseada pero marcada por la incertidumbre

Aunque la voluntad de la iniciativa es continuar, según indica Pujol, hay muchos factores que pueden aplazar la reanudación de las proyecciones. “Desde Méliès han quedado muy contentos con nosotros y han dicho que si tenemos que buscar otra sala ellos nos recomendarían”, explica Pujol, que también dice haber visitado por ahora una sala con la mitad del aforo, en una zona con escasez de aparcamiento y que cuesta el doble del alquiler que pagaban hasta ahora. “Si eso va a ser así no vamos a poder emprenderlo, pero si encontramos una sala en la ciudad con las mismas condiciones que teníamos hasta ahora, entonces sí nos plantearíamos volver a comenzar de cara al próximo año porque ahora, con las restricciones por el coronavirus, todo son problemas”, asegura. 

“Confiamos en estar pronto en la gran pantalla y poder compartir con el pueblo de Dios y los amigos que nos visitaban para enriquecerse estas películas”, añade Pujol. Para ello, señala, siguen “orando y buscando la dirección de Dios” y continuarán “proyectando en iglesias, centros culturales, colegios, cárceles y donde nos llamen”.