“Avivamiento en el valle de los huesos secos ” 

Evangelista: Rony Chaves/

La Biblia enseña que el profeta Ezequiel tuvo una extraordinaria revelación de Dios sobre el pueblo de Israel.

Esta tremenda experiencia lo llevó a un enorme valle lleno de huesos secos. Así le quiso presentar Jehová al profeta, el estado del pueblo hebreo en esos días, como si fuese un valle saturado de huesos secos.

“La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera.” (Ezequiel 37:1,2)

Es muy probable que la primera impresión del profeta fue de profunda tristeza, el pueblo escogido le era presentado por Dios a sus ojos como un sombrío valle de muertos.

Realmente esa era su condición ante los ojos de Dios, le habían fallado, se habían apartado de sus caminos. En él surgió la gran interrogante: ¿Vivirá este pueblo, se levantarán estos huesos?

“Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes”. (Versículo 3).

El entendía que para reunir esos huesos y hacer de ellos organismos vivientes, se requería de un portentoso milagro.

Únicamente Dios lo podría hacer, no el hombre. Este pasaje no sólo aludió al Israel de los días de Ezequiel, sino al Israel después de la Segunda Guerra Mundial, donde luego del exterminio bestial de Adolfo Hitler sobre los judíos parecía que Israel jamás se levantaría como nación.

Era como un enorme valle de huesos secos.

Pero la Biblia en muchísimos pasajes sobre Israel, también alude a la Iglesia, el Israel espiritual de nuestro tiempo.

Después de transitar por años en los pasillos de iglesias y naciones, uno se forma una idea del estado actual de la Iglesia de Cristo en el mundo.

Ella parece en muchos lugares, como ese enorme valle de huesos secos que miró Ezequiel.

Ha perdido la hermosura de su rostro, su gozo y su lozanía. Pareciera que la carne, músculos y piel que le dan la forma de un cuerpo vivo, ya no están en ella.

Sus ligamentos y tendones ya no tienen fuerza para mantener unidos sus huesos. La Iglesia parece un cuerpo muerto, sin alma y sin espíritu.

Al ver en muchos lugares del mundo en lo que se ha convertido la Iglesia, nos preguntamos honestamente, ¿vivirán estos huesos Señor?

Dios dijo a Ezequiel lo siguiente:

“Profetiza sobre estos huesos, y diles: Huesos secos, oíd palabra de Jehová. Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis. Y pondré tendones sobre vosotros, y haré subir sobre vosotros carne, y os cubriré de piel, y pondré en vosotros espíritu, y viviréis, y sabréis que yo soy Jehová.” (versículos 4, 5,6).

La orden divina a su profeta fue, profetiza, esto indicó un comienzo glorioso de restauración.

Un profeta es un vocero de Dios, uno que habla en su nombre. Esto implica que Jehová-Dios es quien determina qué se debe hablar y cuándo debe ser proclamada su palabra profética. Aleluya.

Igual que para aquel valle de huesos secos de los días de Ezequiel, hoy   el Espíritu Santo está desatando su Palabra a la Iglesia.

Es una palabra profética, de anuncio y reto divinos. Es un mensaje claro y contundente.

Dios ha desatado para su pueblo el tiempo de su restauración. Aleluya.

Es el tiempo profético del Padre para soplar su aliento de vida sobre el Cuerpo de Cristo.

Son los días determinados por el Padre para tomar cada hueso (llámele cada hermano, llámele cada ministro o cada congregación que parecen sin vida) y llenarlos con su ardiente poder. Gloria a Dios.

No importando si la tarea parece difícil, Él lo hará, Él edificará y madurará a su Iglesia. Amén.

Los resultados de declarar la Palabra sobre los huesos no se hicieron esperar, he aquí lo que detalla el profeta:

“Profeticé, pues, como me fue mandado, y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí se juntaron cada hueso con su hueso.” (Versículo 7).

Las implicaciones de este texto para nosotros hoy son que ese ruido escuchado al profetizar, es el testimonio del Espíritu Santo en toda la tierra, dando a conocer el anuncio del cielo a todo su pueblo. Aleluya. Profeta tras profeta, profecía tras profecía, sueño tras sueño y visión tras visión, serán llevadas hasta los confines del mundo para anunciar a la Novia que han llegado los días de la preparación para las Bodas del Cordero.

Esta palabra profética confrontará a cada uno, llámese ministro o iglesia local y causará tal terremoto o movimiento espiritual al ser declarada   por los profetas que provocará a la unidad de cada uno de los miembros, llámese hueso o ministro o iglesia, Aleluya.

Quienes entiendan la palabra del Espíritu Santo comenzarán a amar a sus hermanos y se unirán a pesar de las barreras denominacionales existentes. Amén.

Algo más ocurrió ante la proclama de Ezequiel que nos ilustra lo que ocurrirá a la Iglesia.

“Y miré y he aquí tendones sobre ellos, y la carne subió, y la piel cubrió por encima de ellos, pero no había en ellos espíritu.” (Verso 8).

La profecía había producido que se escuchara un gran ruido en todo el valle, un movimiento unificador había comenzado, cada hueso se juntó con otro. Luego tendones aparecieron (coyunturas, ligamentos) para unir y ligar cada hueso con su hueso.

En nuestro caso nos habla esto de la obra tremenda del Espíritu Santo, para llevarnos a claras relaciones de pacto entre unos y otros, seamos de la misma denominación o no.

Los tendones señalan hacia relaciones maduras en la Iglesia, con principios sólidos de ética, amor y servicio cristiano. Amén.

De pronto narra Ezequiel: la carne subió. Esto habla de volumen, peso    y consistencia.

Aquel conjunto de huesos se había unido y ahora el Espíritu Santo les estaba dando peso y tamaño.

 Empezaron a semejarse   a un verdadero cuerpo. Igualmente, a la Iglesia el Espíritu Santo la está madurando por sus maestros, apóstoles y profetas.

Le está dando tamaño, peso y consistencia para presentársela a Cristo un día, madura, sin mancha y sin arruga, para que en verdad parezca La Iglesia. Aleluya.

La Iglesia en muchas partes del mundo se está levantando, aunque niña, está madurando.

El volumen y el peso están aumentando, la carne le será añadida. Luego vino la piel recubriendo la carne, dándole forma, cubriendo las cuencas, los brazos, las manos, etc.

Ese fue un trabajo delicado, la masa de carne comenzaba a tomar forma de organismo.

La carne sobre los huesos comenzó a tomar forma de cuerpo humano. Ya se miraron los rostros, los ojos. Dejó de ser un valle de huesos de muertos.

La Iglesia de Cristo estará siendo cubierta por apóstoles y profetas.

Por medio de ellos el Espíritu Santo proveerá de piel a la Novia. Ella, la Iglesia, tomará forma, su rostro será visible y bello.

No será nunca más lo que ha sido hasta ahora, un enorme valle de huesos secos. Aleluya.

Con todo y lo ocurrido, faltaba algo en aquel cuerpo, no tenía espíritu, no tenía vida.

“Y me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, di al espíritu: Así ha dicho Jehová el Señor: Espíritu, ven de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos y vivirán. Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo.” (Versos 9 y 10).

He aquí la gran realidad de Dios, aunque tengamos un ejército de hombres y mujeres, si estos no están llenos del Espíritu son igual que simples huesos secos, sin alma y sin vida.

Igual que muchos ministros e iglesias tienen aparentemente forma, cuerpo, culto y vida, pero están muertos, sin Espíritu y sin unción.

Ellos necesitan lo mismo que los huesos judíos, que venga sobre ellos el Espíritu para que puedan vivir.

El Espíritu Santo es lo que la Iglesia necesita. Él es el Consejero, para llevarnos por el camino de la victoria.

Él es Quien hará en nosotros la enorme diferencia, de un valle de huesos secos a un ejército grande en extremo.

La Iglesia como nunca antes debe abrir su oído a la voz del Espíritu que le habla de muchas maneras y en muchos idiomas. La Iglesia deberá unirse, esto es imperativo, para el buen testimonio cristiano. Debe la Iglesia aprender a vivir bajo relaciones de Pacto. Sólo así será madurada y perfeccionada. Sólo así estará realmente cubierta, adquiriendo en verdad la forma de un cuerpo.

Sólo cuando la Iglesia se ponga en pie ante la voz del Espíritu Santo será un ejército. Sólo cuando ese ejército anhele ser lleno de Él se convertirá en un gran ejército, un poderoso e invencible ejército de Cristo. Amén.

“Y me dijo luego: Hijo de hombre, todos estos huesos son la casa de Israel.” (Verso 11 a.)

Iglesia de Cristo, Ejército del Dios Viviente, ponte en pie y grita conmigo: ¡Espíritu ven, sopla sobre nuestros muertos y vivirán¡ Amén.

Solo así, llenos del Espíritu Santo, evangelizaremos a las naciones del mundo .