Algo no hicimos

Luis Diego Zúñiga G. / Periodista /

Recuerdo una frase de don Oscar Arias “Algo hicimos mal”, en una entrevista de hace 5 años cuando le preguntaron porque el PLN no volvió a ganar las elecciones presidenciales.

Esta frase bien podríamos aplicarla en pensar que cosa no hicimos los cristianos para impedir que el matrimonio igualitario entrara en vigencia el pasado martes 26 de mayo.

Leí con detenimiento los argumentos que presentó Fabricio Alvarado, líder del joven partido Nueva República, híbrido de Restauración Nacional, las acciones que presentaron en el Parlamento para poner en jaque mate las movidas del Movimiento Diversidad y la Comunidad LGTB, no obstante como decimos popularmente no pegaron pie en bola y las demás fracciones no les dieron pelota y las acciones no contaron con el apoyo suficiente.

No obstante, cabe preguntarse ¿Qué hicieron los grupos de liderazgo cristiano, aparte de las fracciones legislativas para acercarse de manera amistosa al Movimiento Diversidad y a los defensores del matrimonio igualitario para sentarse en una mesa de discusión y debatir posiciones como corresponde en una democracia? ¿Existió ese acercamiento?

En el año 2013 fui parte de una agrupación llamada Movimiento de Profesionales Cristianos (MIPC), en el que nos invitaron a una mesa redonda varios representantes de diferentes agrupaciones cristianas y distintos profesionales a título personal que asistieron movidos todos por la preocupación de lo que iba a pasar como sociedad si se aprobaba el matrimonio entre personas del mismo sexo, sumado al aborto y a la fecundación in vitro, en ese momento la carrera apenas comenzaba pero los grupos defensores de estas propuestas crecían con gran beligerancia.

Me decepcioné de la reunión porque nunca llegamos a ningún acuerdo y la discusión se centró en legalismos, sacar la Biblia a diestra y a siniestra para condenar a los homosexuales y a las lesbianas, ya de por si señalados, marcados y discriminados por la opinión pública.

Entendí que ese no era el camino porque en lugar de tender puentes más bien la brecha con estos grupos se hacía más abismal en conversaciones como “les sacamos la Biblia en un posible debate o guardamos la espada y usamos otras estrategias.

En esa época don Justo Orozco había presentado en el salón de expresidentes de la Asamblea Legislativa al autor del libro “Dios perdona al homosexual” de Daniel Madrigal Cubillo, acto que desató mucha polémica en el plenario y en los medios de comunicación, pues lo calificaron de discriminatorio y desafiante, una burla a la dignidad de los grupos homosexuales y lésbicos.

Quise actuar a título personal y llamé por teléfono a don Marco Castillo para invitarlo a una actividad cristiana en el Estadio Nacional, me dijo que el solamente iba a hablar con cristianos que estuvieran a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo.

Por esos años doña Pilar Cisneros en Telenoticias entrevistó a don Pedro Beirute y a don Marco, don Pedro explicó que algunas de las demandas de los grupos se podían ejecutar modificando algunos artículos del Código Civil y del Código de Familia, sin necesidad de tocar el artículo donde se hace referencia al matrimonio entre hombre y mujer, el resto de la historia usted la conoce.

¿Qué faltó? ¿Propuestas? Creo que no, ¿insistencia como sociedad? Tampoco. Fuimos testigos de marchas de miles de personas en la Sabana y en la avenida segunda organizadas por asociaciones, la iglesia católica, la iglesia evangélica, la marcha para Jesús en el 2015, nos manifestamos de forma pacífica, pero faltó lo más importante el acercamiento.

En la campaña política pasada se daba por un hecho que Fabricio Alvarado iba a ser el ganador por el triunfo marcado en primera vuelta de las elecciones presidenciales.

Se apostó a ganar, pero se descuidaron los acercamientos, las negociaciones, las demandas de la población LGTBI, preocupados en ese momento en cómo iban a hacer para visitar a su pareja en el hospital, con las herencias y sobre todo con el temor de como los vería la sociedad si un partido cristiano llegaba al poder.

Muchas de esas personas son personas carentes de amor, no van a una iglesia porque temen ser despreciadas y rechazadas, asumen que Dios ya los desechó y no se preocupa por ellas y que las partirá con un rayo.

Hace 18 meses se dijo que la CIDH daba 18 meses a Costa Rica para la entrada en vigencia del matrimonio igualitario, tomando en cuenta que las leyes ticas eran discriminatorias.

Muchos pastores y profetas dijeron que el reloj profético de Dios había comenzado la cuenta regresiva y que ahora como nunca teníamos que predicar a Cristo, evangelizar a tiempo y fuera de tiempo, ganar a las almas perdidas para Cristo.

Pero que contraste más triste se cierne cuando se ve entre los miembros de las congregaciones evangélicas que a una salida evangelística de 100 personas van solo 20, o que de 500 van solo 100 a buscar a las almas perdidas.

Nos gustan los conciertos, las actividades, los cultos, pero no nos gusta hablarles a los inconversos acerca del amor de Dios aduciendo de que no tenemos facilidad de Palabra, nos da miedo o ese no es el llamado que Dios me dio o de que ese no es mi ministerio.

Hoy no lloremos sobre la leche derramada, se aprobó esta imposición, no porque el pueblo no se manifestó sino porque no evangelizamos y no mostramos el amor de Dios a los perdidos… Eso es lo que no hicimos.

(Los comentarios y artículos de opinión, son propios de las personas que los escriben y no necesariamente representan el pensamiento de este medio).